La
evidencia es irrefutable: Los seres humanos somos los responsables de
casi la totalidad del calentamiento global. Así lo determinó el último
informe elaborado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
de la ONU (IPCC), el más completo desde el 2013, que reúne la visión
de 234 científicos de más de 60 países, y fue aprobado por 165 naciones.
En
palabras del Secretario General de la ONU, el informe es un “código
rojo” para la humanidad, ya que “las emisiones de gases de efecto
invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación
están asfixiando nuestro planeta”. De hecho, ya alcanzamos la mayor
concentración de C02 en 2 millones de años, y no quedan lugares en el
planeta que no estén afectados por el cambio climático. Esto causará que
en algún momento de las próximas dos décadas la tierra alcanzará 1,5
grados más de temperatura promedio, generando estragos climáticos mucho
más intensos de los que ya estamos evidenciando.
Con
temperaturas por encima del promedio y escasas precipitaciones, en las
últimas semanas hemos podido percibir en Chile los graves efectos del
cambio climático. Según el último balance hídrico del Ministerio de
Obras Públicas y la Dirección Meteorológica de Chile, el pasado mes de
julio fue uno de los más secos de la historia de nuestro país. La
cantidad de nieve presenta un déficit superior al 85%, tanto en el norte
como en el sur en relación a años anteriores, teniendo un severo
impacto en nuestras reservas de agua dulce.
Para
frenar esta catástrofe, no solo debemos recortar las emisiones, sino
también capturar el CO2 de la atmósfera. En este contexto, los Parques
Nacionales toman más relevancia que nunca, al ser uno de los principales
sumideros de carbono. En Chile el 91% de la superficie bajo
la categoría de parque nacional se encuentra entre Puerto Montt y Cabo
de Hornos, en la Ruta de los Parques de la Patagonia. Según un análisis
realizado en conjunto con National Geographic, los 17 parques de la ruta
almacenan 6.608 millones de toneladas métricas de carbono, capturando
casi tres veces más por hectárea que los bosques de la Amazonía.
La sola protección de este territorio, sin embargo, no basta para mitigar los graves efectos de la crisis climática
que estamos viviendo. También debemos avanzar hacia la protección de
los océanos a través de la creación de parques marinos que sean espejos
de conservación de los terrestres. Los océanos absorben cerca del 30%
del dióxido de carbono que emitimos, pero esta capacidad se está
perdiendo dada la degradación de sus ecosistemas.
El
momento de actuar es ahora, con más urgencia que nunca, tal como lo
indica el informe del IPCC. La conservación y la restauración ecológica o
rewilding es el único camino posible para evitar una catástrofe mayor.
El bienestar y el futuro del planeta depende de todos.