El proceso en marcha
para rediseñar nuestra constitución requiere de una responsabilidad que
trasciende ampliamente los intereses individuales y partidistas. La
creación de una nueva carta magna para Chile debe ser capaz de reflejar
las diversas voces que enriquecen nuestra nación, y debe encaminarnos
hacia un país más solidario, donde todos y cada uno de nosotros tengamos
espacio y oportunidades equitativas para perseguir nuestros sueños.
Este
es el ideal que todos anhelamos. Sin embargo, es lamentable que la
fuerza política con mayor influencia en el consejo, el Partido
Republicano, parezca no comprender la importancia de que la nueva
Constitución, que será sometida a plebiscito el 17 de diciembre,
represente fielmente la rica pluralidad que da forma a nuestra sociedad.
Sus posturas en distintos momentos cruciales de este proceso
constitucional ejemplifican esta falta de comprensión, y dos de estos
momentos resaltan como fundamentales para entender la coyuntura actual.
En
primer lugar, optaron por mantenerse al margen del acuerdo que dio
origen al actual proceso constitucional, un acuerdo respaldado por gran
parte de los partidos que constituyen nuestra sistema institucional.
Esto, en vista de que la clase política reconoció la necesidad imperante
de una nueva Constitución acorde a los tiempos actuales.
Luego,
una vez que obtuvieron una considerable votación circunstancial en las
elecciones del 7 de mayo, cuando llegó la hora de presentar enmiendas,
demostraron una inclinación de pasar por encima del anteproyecto.
Paradójicamente, esta vez sí participaron en la comisión de expertos que
dió origen al texto sobre el cual trabajamos las y los consejeros y,
lo que es aún más trascendental, hubo un acuerdo transversal entre todas
las fuerzas políticas.
Ahora
bien, nos preguntamos cuál es el propósito detrás de estas acciones. A
la luz de los hechos, es plausible sostener que están mirando hacia las
próximas elecciones, dejando en segundo plano la importancia crucial de
la Constitución. Esto resulta inaceptable. Chile merece y necesita una
Constitución orientadora, sin caer en las mezquindades propias de la
política que ha alejado a la ciudadanía, haciéndola sentir que no está
representada en esas discusiones que parecen no preocuparse de las
necesidades de todos y cada una de las personas que habitan esta tierra.
Esperamos
fervientemente que en la discusión que se avecina, el interés colectivo
de nuestro país se anteponga a todo lo demás. Ha llegado el momento de
demostrar que la política puede ser diferente, que podemos poner en el
centro a las personas. Es hora de unirnos, de construir juntos una
Constitución que refleje la diversidad, que abrace la justicia y que
allane el camino para un Chile donde todas y todos podamos florecer.