Una decisión crucial

Es
un hecho cierto que nuestro país está pasando por uno de los momentos
más decisivos de su historia, donde los ciudadanos nos vemos enfrentados
a la elección más importante desde el retorno a la democracia. En esta
elección nos jugamos el cambio del modelo imperante en nuestra sociedad.
Por una parte, tenemos al candidato del Partido Comunista y del FA,
Gabriel Boric, con un modelo basado en ideas marxistas retrogradas,
donde lo que se busca es el método estaliniano del poder por el poder. Y
por otro lado a José Antonio Kast, que representa la continuación del
modelo de orden civil y estabilidad económica en el que hemos vivido, el
cual ha sido responsable de los mejores 30 años de Chile como
república. Modelo que fue desarrollado por los gobiernos de la ex
Concertación junto con un conglomerado de centroderecha que hizo una
oposición construct
iva y en la que los presidentes y legisladores de ambos lados supieron poner a Chile por delante de las diferencias ideológicas. Modelo que es perfectible, sin necesidad de tener que refundar el país.

Sin
embargo, hemos visto los últimos años un debilitamiento de nuestros
fundamentos republicanos ante la presión de una ola progresista, que
busca cambiar de raíz todos aquellos principios sobre los que se basa la
convivencia pacífica y democrática de nuestra sociedad.

Frente
a esto, las bases programáticas de la candidatura de José Antonio Kast a
la Presidencia de la República dan respuestas a los problemas naturales
de la sociedad, fomentando ante todo un proyecto humano que priorice la
excelencia individual y el bienestar de la comunidad y q
ue
se encuentran fundamentados en la Libertad, el Estado de Derecho y la
Familia. La libertad como fuente de progreso sostenido, basado en la
responsabilidad y excelencia de cada uno de los habitantes estableciendo
límites al poder del Estado, aplicando el principio de subsidiariedad
para delimitar su campo de acción; el de respeto a la ley, orden y
seguridad para la integridad del país, res
peto
a lo pactado, a la ley general abstracta e igual para todos y el
respeto a los valores trascendentes que consideran la vida humana y la
fortaleza de la familia como sustrato incuestionable sobre el que
reposan tanto el orden como el progreso mencionado.

Durante
los últimos cuarenta años nuestro país experimentó un cambio
impresionante, sacando a relucir un potencial de desarrollo que
sorprendió a nuestros vecinos y también al mundo. Para lograr este
cambio -caracterizad
o por la implantación
de un modelo de desarrollo basado en la responsabilidad individual, y
que bajo los incentivos correctos nos puso en los pedestales más altos
en distintos índices de progreso económico- fue necesaria la
participación de personas que tomaron decisiones audaces y visionarias,
que estaban en el sistema político e institucional del Estado; pero
también, por sobre todo, la capacidad y anhelos de crecimiento
intrínsecos de la sociedad civil, sin cuyo esfuerzo, determinación y
amor por sus familias no habría sido posible la implementación del
modelo.

Peso
a ello, un amplio margen de la sociedad chilena no se insertó
culturalmente en las características más profundas del cambio vivido,
puesto que este cambio fue, al poco andar, distorsionado y manipulado
por una élite política irresponsable que orientó mal por décadas a
varias generaciones, dando por hecho que el progreso se daba por sí
solo, quedando, en forma simultánea, indiferentes ante los fundamentos
sociales y morales del desarrollo.

Llegó
la hora que los que amamos nuestra patria reaccionemos ante esta ola
progresista y circunstancial que lo está destruyendo todo y junto al
proyecto de José Antonio
Kast comencemos a reconstruir y recuperar el Chile que hemos ido perdiendo en forma paulatina.

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