Una derecha gastada

“A
quien más se le da, más le será exigido” (Parábola de los talentos) Lo
dice el Nuevo Testamento, y es aplicable a cualquier sociedad en todo
tiempo y lugar, y se traduce o debe hacerlo, en la responsabilidad que
poseen quienes han sido más favorecidos en la vida, en cuanto a asumir
deberes para lo que se supone están mejor preparados. De ahí surgen las
“elites” de una sociedad y que, desgraciadamente, cuando olvidan tales
deberes y se concentran en los privilegios que su posición les provee,
degeneran en meras oligarquías o poderes fácticos. En el caso de nuestro
país, esa elite histórica configura la base de la expresión política
conocida como “derecha” en sus múltiples acepciones y corrientes al
menos hasta aquí.

Estamos
en el siglo XXI, por lo mismo, y dada nuestra alergia al cambio y a
aceptarlo, caemos en una visión decimonónica que proyecta situaciones
que deberían haberse superado. Ello importa entender y aceptar, entre
otras, que la hoy mal llamada “elite” del país, se agotó hace m
ucho
tiempo, y solo perdura como esa expresión conocida como “derecha” en lo
político pero que hace mucho dejo de conducir realmente los destinos y
quehacer nacional. La “derecha chilena” por ello hoy no es más que
oligarquía, dinastías, en que brillan por su ausencia los valores y
convicciones que el país y la historia espera de ella. Hoy y desde hace
ya mucho, esa derecha todo lo negocia en aras de sus intereses
particulares o grupos detrás, carece de ideología y peor aún, de un
proyecto. Es que recordemos, su base social castellano-vasca fue ungida
por Portales para imponerse y darle estabilidad a la naciente República y
después, bueno, a Portales lo mataron. Y ahí quedaron. Solo un siglo
antes esas familias que aquí se consideraban de vinosos (después también
“bancosos”) apellidos, habían llegado a las coloniales calles de
Santiago del Nuevo Extremo como vendedores callejeros, les fue bien,
hicieron fortuna, después accedieron al poder político y a influencias
crecientes. El origen entonces de nuestra pretendida “elite” no es de
aristocracia guerrera de mil años, sino de mercaderes, del estamento
merc
antil
de la sociedad, en caso alguno de guerreros de honor y talante. Eso nos
permite entender entonces por qué, si Chile ganó la guerra del
Pacífico, los políticos de la época no permitieron a los militares ganar
la paz e incorporar los territorios ocupados, era más importante
dedicarse a los negocios y la riqueza del salitre, por eso entregamos la
Patagonia.

Desde
aquella época la decadencia de nuestro país es la de su elite, hoy
completamente gastada, las actitudes de esa pretendida “derecha” son la
prueba de aquello. Hace rato perdieron su esencia, el anticomunismo,
porque esa doctrina que hoy se plasma en el globalismo, es la amenaza
real a la subsistencia de nuestra nación, que Portales los llamó a
salvar y proyectar. No, acaso le pedimos peras al olmo, una actitud
valiente, clara y aguerrida a quienes solo tienen ADN mercantil. Sin
embargo, a diferencia de 1830, los votantes “de derecha” de hoy, se dan
cuenta abrumadoramente que la derecha esta gastada, agotada, incapaz de
estar a la altura. El creciente contubernio Republicanos- Chile Vamos
manipulados por Piñera exponente de esa oligarquía de sangre mercantil,
evidencia el problema es genético, no de partidos, al final carentes de
verdaderos líderes, convergen a negociaciones que tratan de llevar a
Chile a la primera constitución globalista del mundo. Parece era
inevitable, Republicanos podría haber sido el cauce de millones que
queremos un modelo nacional y libertario, autentico, anticomunista y
antiglobalista, pero al final cayó en lo mismo, claudicó, y el futuro de
nuestro país se ha tornado cada día más nublado. Algunos tratamos de
evitar que esto ocurriera, pero los sistemas se defienden a sí mismos.
Alguna vez, ya no lo veremos, se abrirá un nuevo cauce nacional, y
surgirá una nueva elite al menos de tres corrientes: conservadora,
nacional, libertaria. No saldrá eso sí de esta agotada Derecha actual,
sino será externa a ella, por mucho que armen una constitución para sus
negocios y habilitante para el sueño comunista. Vendrán tiempos en que
se entienda que los principios no se transan ni en la bolsa, menos en la
oscuridad del conciliábulo constitucional. Millones de “derechistas”
están descontentos con “la derecha”, frustrados de todos esos partidos, y
pueda ser que el “en contra” triunfe en diciembre lo que en poco
solucionará el problema de fondo, pero será un buen comienzo. Después,
la maquinaria partitocrática pasará tabla rasa en las siguientes
elecciones con candidatos que refrenden a los poderes fácticos. Pero lo
concreto es que ya despertó un germen de cambio y reemplazo a esa pseudo
derecha agotada que todo lo ha negociado en su carencia de identidad
valórica. Chile es una Patria, un ethos, una realidad histórica, no un
centro de negocios. Podrán imponer candidatos, pero no podrán imponer la
verdad.

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