Quizás
muchas personas no estén enteradas que el próximo 07 de mayo habrá
elecciones para elegir a los cincuenta y cinco consejeros
constitucionales. Queda poco más de un mes y los candidatos intentando
entusiasmar a gentes ocupadas y preocupadas en sus cuitas; en la
inseguridad que campea; en el desorden en el cual se desenvuelve la
sociedad. Interpelar a las personas sobre la importancia capital de una
Constitución pareciera que va en sentido contrario al que marcha la
sociedad. Decirles que ellos sí serán los que solucionarán sus problemas
en su esencia, parece desmedido ante la cotidianidad pesada y molesta
que nos circunda. Y decirles que un nuevo texto constitucional será la
llave maestra del desarrollo, parece desmedido e incluso hasta poco
sensato en los tiempos que corren. Pero por ahí andan los candidatos
predicando en el desierto; clamando ser escuchados por oídos que se
vuelven sordos a tanta fantasía.
La
experiencia reciente de la fallida y esperpéntica Convención
Constitucional se ha convertido en un factor determinante en la política
criolla. De esto no cabe duda. Sus efectos permanecerán por mucho
tiempo más. La izquierda desea conjurar los males que tal experimento
les ha traído con la aprobación de un nuevo texto constitucional;
piensan que aprobándose el texto el fracaso estrepitoso quedará atrás y
podrán exhibir un logro mayor, que es derogar la Constitución vigente.
Así como transcurren los acontecimientos puede darse de manera natural
el escenario en el que la izquierda radical exhiba la tapa de una nueva
Constitución, pero trate de omitir el fondo de ese texto más parecido a
la Carta Magna actual que al que sueñan. Una paradoja histórica. Pero se
tragarán hasta las normas más “neoliberales” de una eventual nueva
Constitución sólo para alzar sus manos sosteniendo impreso el texto
nuevo. Sin embargo, esto de celebrar tan anticipadamente un triunfo en
diciembre próximo cuando deba plebiscitarse el texto nacido del Consejo
Constitucional, es imprudente. Que las fuerzas políticas desde la Udi
hasta el Partido Comunista pujen para que se apruebe el texto nuevo en
diciembre, no garantiza tal aprobación. Quizás a esa fecha habrá mayor
consenso en que los problemas no los va a resolver normas
constitucionales, sino la acción decidida de los gobiernos, situación
que hasta hoy no acontece con el Gobierno. En esta hipótesis estaría en
peligro la opción apruebo y nuevamente el gobierno se quedaría sin un
programa de acción para el país.
Este
panorama en el que los candidatos buscan con alguna desesperación
gentes que les escuchen, puede augurar problemas de arraigo que la labor
del Consejo Constitucional puede tener en la comunidad. Se puede
apreciar una apatía mayor que en otras elecciones. Se habla incluso de
una fatiga constitucional en la población. Pero al Gobierno pareciera no
importarle y para ser justos, incluso a las fuerzas políticas de
oposición tampoco pareciera importarles esta apatía. La desconexión del
gobierno progresista con las necesidades básicas de los más necesitados,
en una primera mirada llama la atención. No obstante al mirar con más
atención, tal desapego es explicable. Jóvenes nacidos en la comodidad de
una sociedad capitalista como la chilena, con sus necesidades básicas
cubiertas y lujos varios, nos gobiernan. De ahí su desconocimiento
profundo de las urgencias de los más desposeídos.
Estas
elecciones pasarán sin pena ni gloria y puede ocurrir que muchos se
vean tentados a no concurrir a votar, a pesar de la obligatoriedad del
voto.