Una encrucijada histórica

Lanzadas
ya las campañas por el plebiscito del próximo 4 de septiembre, la
tentación del chileno medio es darle un carácter no tan trascendente,
como cualquier elección de autoridades. Pero esta vez es distinto, acá
ni siquiera está en juego el orden institucional para los próximos 40
años como señalan algunos, o que se plebiscita una constitución que no
funcionará, o
la “casa de todos”, llegando al absurdo extremo de “aprobar para
reformar”. Porque esto último, es de la más absoluta ilógica como
comprar algo recién fabricado que no funciona y debe arreglarse, es el
meollo del asunto.

No, no es una constitución
para los próximos 40 años. Primero, porque no es una constitución sino
lo que en doctrina puede ser llamado y aquí lo hicimos hace tiempo, una
“anticonstitución”, ya que invierte el sentido de dicho instrumento
para fortalecer al Estado frente el individuo y le quita derechos de
manera efectiva. Segundo, porque es verdadera desesperación para que sea
aprobada por quienes llaman a aprobarla para “mejorarla”, lo cual es
una vil mentira y engaño. Se trata de aprobarla porque después no hay
fuerza política que pueda obligar a una reforma. Porque lo que se
pretende realmente es la refundación del país, de una destrucción de
la nación y establecimiento de una nueva forma de “Estado”, y en ese
sentido la nueva constitución seria simplemente, “para siempre”.

Los
autores de este magno proyecto político no actúan movidos por el amor
al Derecho, sino por una doctrina política escatológica, de producir una
ruptura en la Historia, “la Historia comienza con la revolución” es el
dogma, y de ahí sentar las bases culturales que determinen, ya en mucho
lo hacen, la forma de pensar de los individuos que aceptan como algo
natural que el Estado, el gran Leviatán, dirija y controle sus vidas y
destinos. Por ahora hay que prometer hasta conseguirlo. Bonos, rebajas y
promesas.

Sin
embargo, se ha producido una importante reacción en la verdadera
“sociedad civil”, de manera transversal, más allá de grupos políticos.
El sentido común aparece y dice a las conciencias que este camino más
que institucional, totalitario, no es el correcto , porque una nación no
tiene derecho al suicidio, que tal representa la opción “apruebo”. Cada
día, literalmente, más personas entienden que para poder seguir
discutiendo nuestras diferencias y opiniones requerimos salvaguardar esa
base común de nación, Estado y cultura. No somos un país perfecto pero
ningún país del mundo lo es, podemos mejorar pero eso será con el
tiempo, no por imposiciones revolucionarias que han demostrado solo
quieren deconstruir para construir-supuestamente-un mundo nuevo,
olvidándose que la evolución es el motor de la Historia.

No es tampoco
el momento de buscar causas y culpables. Tampoco caigamos en ese
perfeccionismo que en el papel pretende esta revolución disfrazada de
proceso constituyente. Los verdaderos patriotas aspirantes a una
auténtica democracia, sabemos callar y aceptar que es preferible seguir
chapoteando en la mediocridad que ha permitido este mamarracho de
gobierno y de proyecto constitucional, con tal de salvaguardar esos
preciados bienes de la Patria y la libertad, que es lo que nos quieren
quitar desembozadamente. Ya habrá oportunidad en el futuro y acaso que
nuevas generaciones logren el desarrollo, que sin libertad no se puede
lograr. Y la libertad requiere de la verdad .

Pero a no confiarse, en nada, el enemigo de Chile es demasiado poderoso. Todo puede pasar.

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