Una fecha trascendental

En
una semana estaremos haciendo la reflexión sobre la opción que
resultará ganadora en el plebiscito de salida y los pasos que deberá
emprender nuestro país para concluir el proceso transformatorio de una
nueva Constitución. Habrá alegría desatada en el sector que obtenga el
triunfo y amargura en la perdedora. Algunos serán complacientes en sus
comentarios y otros darán mordiscos de serpiente, pero lo del 4 de
septiembre no es una contienda deportiva, sino la oportunidad de
comenzar a trabajar en generar una sociedad más solidaria. Los
perdedores no deberían sentirse humillados ni pensar que tienen que irse
del país, como muchos lo han señalado en las últimas semanas,
imaginando ilusamente que afuera las cosas están mejor. Por el
contrario, debe ser el momento del necesario reencuentro y combatir el
atrincheramiento de aquellos que pretenden mantener la división de
nuestro país.
Si
gana el Apruebo, hay señales contundentes de que habrá mejoras en el
texto a través de un debate nacional que tendrá la oportunidad de oír a
aquellos que no se sintieron partícipes del proceso. Por ello estarán
las puertas abiertas para nuevas opiniones y la invitación está cursada,
a pesar de las infaltables posturas radicales. Los perdedores no
deberán quedarse relamiendo heridas ni buscar venganza a través de
acciones de fuerza que la ciudadanía no aceptará.
Por
otro lado, si se impusiera el Rechazo, habrá que comenzar a analizar la
nueva realidad y la verdadera esencia de quienes hasta hoy han estado
escondidos y que aparecerán después de un estratégico período de
silencio. El manejo desde las sombras, alimentando las diferencias de la
centro
izquierda, les habrá dado
réditos y los dejará en posición de demostrar sus verdaderos intereses
frente a una ansiosa sociedad que espera cambios. Los perdedores estarán
sentidos y expectantes a las iniciativas y señales necesarias para
terminar de una buena vez con el legado de la dictadura y será
responsabilidad de todos que
no se genere un nuevo estallido social si aquello no ocurre. No hay que desconocer que hasta hoy son solo promesas de reforma y motivaciones basadas en el amor. Será el momento de demostrar ese amor. Será
también una oportunidad para conocer cuánto conocen a su país nuestros
líderes políticos, puesto que con mucha holgura unos han dado por sabido
s
los resultados, amparados por lo que escuchan en la calle o por la
evolución de las, siempre cuestionadas, encuestas. Los mismos que no
previeron el despertar social de 2018 y aquellos que no han podido
apuntar a los ganadores con sus fórmulas predictivas, mantienen a la
ciudadanía atrapada en los mismos discursos del pasado. Cuando algo les
afecta directamente se opondrán con fuerza y decisión. Ya lo han hecho
antes y no es raro que vuelva a ocurrir.
Lo interesante de esta semana en que el proceso entra de tierra derecha, será la actitud expectante de los representantes del 20% que no querían una nueva Constitución y que, a diferencia de la elección de ent
rada, ha dispuesto tronar toda su artillería para que entre el estruendo, los gritos desaforados y el humo de los distractores, el 80% restante se desgaste entre descalificaciones y explicaciones que ninguno quiere reconocer como válidas del que está en frente.

Independiente del resultado, habrá que ver cuál es el rango de diferencia entre ambas posiciones, para ver lo bien o mal informados
que estarán los votantes, la importancia que le han dado al futuro de
nuestro país y vayan a dar su preferencia, y el grado de influencia que
puede haber logrado la enorme campaña de desacreditación que se hizo
desde el inicio a la
Convención y sus resultados.

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