Una hermandad que estuvo en riesgo

Para los que no conocen
nuestro punto geográfico en el mundo, nos encontramos en el extremo sur
del continente americano, lugar sub antártico de impresionantes paisajes
y de una naturaleza sin igual. Hasta el día de hoy, nos es imposible
llegar al continente desde nuestra isla si no es por transporte aéreo o
marítimo y nuestros vecinos más cercanos se encuentran justo al frente
de Puerto Williams, nuestros hermanos argentinos que viven Ushuaia.

Esta
cercanía nos ha hecho tener intercambios históricos de siempre y para
siempre, con familias que habitan las dos tierras. Intercambios
deportivos, culturales, sociales y también políticos, son los que nos
han caracterizado a estas dos ciudades y así debe ser.

Pero
esta misma hermandad estuvo en riesgo. El comienzo de esta negra
historia data de 1971, cuando el Presidente de Chile, Salvador Allende y
su par argentino, Alejandro Lanusse, se comprometen a someterse a un
arbitraje por las islas del sur del canal Beagle, a cargo de la Reina
Isabel II de Inglaterra.

El
Laudo Arbitral dicta su fallo el año 1977, dando a Chile la mayor parte
del territorio de las islas, islotes y derechos oceánicos. Siendo
declarado inmediatamente nulo por el Gobierno argentino, comenzando una
escalada en un conflicto que estuvimos a un día de causar una guerra que
hubiese dejado heridas irreparables para todos.

La
catástrofe que no se alcanzó a desatar, fue detenido por la
intervención del Papa Juan Pablo II, que evitó una tragedia que hubiese
tenido repercusiones para todas las futuras generaciones que se han
desarrollado en el sur del sur del mundo.

La
importancia geopolítica de este territorio ya la tratamos con
anterioridad, pero sin duda, el tener las aguas más prístinas del
planeta, una biodiversidad envidiable por todo el mundo y ser la última
ciudad con asentamiento estable ante de llegar a la Antártica, claro que
producen intereses de todos los países y sectores, es por eso que se
debe resguardar permanentemente la soberanía e intereses de Chile en la
isla Navarino.

Los
relatos de los antiguos pobladores cuentan de los silbidos de aviones,
de preparativos y esperando el día d. Pero esto también se replica en
las otras comunas y ciudades de la región de Magallanes, donde la
angustia y sufrimiento durante todo el final del año 78 se hace presente
en las familias que vieron a sus hijos salir a alistarse o a sus
hermanos que quedaron “al otro lado del alambre”.

Los
vestigios de trincheras y el desminado se mantienen hasta hoy, es un
recordatorio de que esto no puede volver a suceder, que los conflictos,
por más duros que sean, deben ser solucionados con diplomacia y amistad.

Nosotros,
los habitantes del Cabo de Hornos, sabemos de la importancia de tener
la mejor y más cordial relación con nuestros hermanos argentinos. Mirada
que es reciproca y nos la hacen notar cada vez que tenemos que cruzar
el charco.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS