Una ley sobre IA no puede excluir a los creadores

Adentrados en el siglo
XXI, seguimos impresionándonos por la velocidad con que los avances
tecnológicos establecen nuevas realidades, incluyendo mejoras
significativas en la calidad de vida. Negarse a este escenario ya no
resulta factible, como tampoco establecer per se que las tecnologías son
buenas o malas, ya que la intención con que se usen tendrá la última
palabra. Explorarlas para buscar aplicaciones que contribuyan al
bienestar, será así indispensable.

Sin
embargo, esta mirada positiva no puede llevarnos al simplismo de dejar
que las cosas ocurran sin control. En el caso particular de la
Inteligencia Artificial Generativa (IAG), no es posible resignarnos a un
uso desregulado y destinado a maximizar los ingresos de grandes
transnacionales, a costa de las obras e interpretaciones de los
artistas.

Es
lo que hoy está ocurriendo en la música, con generadores de IAG que a
partir de los deseos y lineamientos de un usuario son capaces de emanar
nuevas canciones, las que por cierto no vienen de la nada, sino de la
carga masiva de cientos de miles de obras, compuestas por miles y miles
de creadores, sin ningún tipo de autorización y mucho menos de
compensación hacia ellos.

Para
quienes apreciamos el talento de los y las artistas, desde luego que
esto es inaceptable. Debemos alzar la voz ante los atropellos que a
partir de estas tecnologías se pueden suscitar, entre ellos la
vulneración de los derechos de autor, cuerpo legal que regula el uso de
creaciones artísticas en la gran mayoría de los ámbitos, pero no aún en
las plataformas de IAG.

Nuestra
Cámara de Diputados hoy se encuentra discutiendo un proyecto de ley
sobre regulación de sistemas de Inteligencia Artificial, el que en su
génesis no contempló el impacto de esta tecnología en la vida cultural
ni la perspectiva de los creadores, quienes recién esta semana fueron
recibidos en Comisión. Hoy vemos un espacio para corregir una propuesta
que, tal como ahora está planteada, sólo favorecería a las grandes
corporaciones tecnológicas, sin proteger ni respetar los derechos de
autores e intérpretes; incluso, las pocas alusiones que hay a la
propiedad intelectual en el texto, la socavan significativamente.

Como
representantes de los músicos y músicas, estamos convencidos de que
toda utilización de contenidos protegidos, sea para entrenar modelos de
IAG o cualquier otro uso, debe ser autorizada, y por lo mismo somos
enfáticos: Ninguna ley sobre Inteligencia Artificial puede elaborarse de
espaldas a los creadores y artistas chilenos, ni menos a costa de sus
derechos.

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