Hay
esperanza, se ve la posibilidad de crear un Chile mejor, más justo y
donde quepan todas y todos en esta gran casa. Sin pasar por dificultades
para la instalación y comenzar el trabajo, nuestro país comienza a
vivir uno de los procesos más importantes de su historia republicana y
democrática.
La
llegada de Elisa Loncón y Jaime Bassa es una señal inequívoca de un
Chile pluralista, que mirará con respeto de una vez por toda a nuestros
pueblos originarios y con frescura. Me emocionaron profundamente las
primeras palabras de una mujer mapuche que se instala en uno de los
cargos más importantes del país, y lo hace con propiedad, con fuerza y
con cariño, como lo hace una maestra de su estirpe.
Ha
comenzado este proceso transformador donde nadie debe quedar fuera. Hay
que buscar los comunes que nos unan para forjar el futuro que tendremos
como sociedad, la nueva forma de relacionarnos entre todos, donde,
principalmente, se ponga la dignidad de las personas siempre por
delante.
Desde
mi punto de vista, debemos privilegiar una Constitución que respete el
medio ambiente, que busque incentivar el cuidado de nuestro planeta
buscando un Chile cero residuos. Debemos garantizar el derecho al
trabajo y el emprendimiento, buscar el mecanismo para que la casa propia
sea una realidad para todas y todos, en fin, hacer que los derechos
sociales y humanos de todas las gentes que viven en este país,
independiente de su credo, pensamiento o color, sean garantizadas.
Esta
es la gran oportunidad que estábamos todos esperando. Buscar el
reencuentro de un país que viene con grandes dolores por las
injusticias, imposibilidades de la clase trabajadora y grandes
privilegios del 1%, que, con opulencia, imponen su fuerza a través del
dinero.
Bienvenido
el Chile feminista sin miedos ni complejos. Bienvenidos al Chile del
mérito, pero de ese mérito real, no por los colegios en los que
estudiaron o por el acomodo entre el grupo de amigos. Bienvenidos a ese
Chile donde de verdad se premie el esfuerzo.
En
la Constituyente está centrada nuestra esperanza. En cada uno de los
representantes, de todos los sectores, está el destino del Chile de los
próximos 40 años o más. Deben estar a la altura, porque los necesitamos,
porque soñamos junto a ustedes y porque nuestro pueblo no puede
soportar una nueva decepción.
Ahora
bien, es deber de todos nosotros, las y los ciudadanos, movilizarnos y
hacernos escuchar en cada una de las instancias de participación que se
nos entregue, hacia dónde queremos avanzar y que este proceso de una
nueva Constitución no se vaya al tacho de la basura con un plebiscito de
salida.
Vamos todos y todas, que se abren las grandes alamedas.