Un
novel candidato presidencial, hijo del Chile construido en los últimos
cuarenta años, vástago de los privilegios de cuna, nos habla de la
construcción de una “nueva” democracia. Es inevitable al leer esa
referencia recordar el ideal marxista de la construcción del “nuevo”
hombre, que ha asesinado a millones de personas por oponerse a ella. Una
nueva sociedad donde todos seamos “iguales”, moldeados por una
ideología totalitaria y en donde el Estado y su religión socialista sean
incontrarrestables. Qué podrá tener de nueva una forma de gobierno que
desde la Grecia antigua hasta nuestros días el mundo occidental ha
conocido, con sus virtudes y defectos. Pero claro, cuando se tiene
profunda desconfianza de la democracia, se le adjetiva de distintas
maneras: “nueva democracia”; “democracia popular”; “democracia social”;
“democracia revolucionaria”; en fin, tantos calificativos como
autoritarismos existen.
Veamos.
¿Una nueva democracia para que sus líderes e ideólogos sigan
conservando sus privilegios de cuna? ¿Una nueva democracia para que sus
líderes se autodonen con el fin de financiar sus propias actividades
políticas? ¿Una nueva democracia para igualar en la pobreza mientras sus
líderes siguen encumbrados en la opulencia financiera? ¿Una nueva
democracia donde al que piensa distinto se le acalla, se le persigue, se
le denosta? ¿Una nueva democracia en la que existan los buenos y los malos, los amigos y los enemigos, los revolucionarios y los contrarrevolucionarios?
Se nos dirá que una “nueva” democracia quiere terminar con los
privilegios, “llevarle pan al pueblo”, igualar la cancha e ideas
similares. Solo cuando no se conoce la historia, ya no la muy antigua,
sino la reciente, se puede ser presa fácil de líderes embebidos de
libros, de teorías, de ideas, mas no de trabajo, ni menos de mantener
una familia, de pagar cuentas a fin de mes, o de obedecer a algún jefe
odioso o muy exigente. Líderes de cristal, que se ofenden porque un
policía usa la fuerza contra un delincuente, pero se alegran cuando una
vida humana es asesinada a punzadas dentro del vientre materno porque es
solo “una cosa”, como una uña que se corta cuando ya molesta. Líderes
ocupados de la política partidista, de alianzas, de pactos, de
asambleas, de votaciones, de mítines, de declaraciones públicas, pero
alejados de lo cotidiano, de dar trabajo, de hacer progresar a los
habitantes. Lea y escuche amable lector a aquellos políticos: no les
escuchará hablar de bajar la cesantía, de crear empresas, de mejorar la
calidad de vida de los chilenos, de combatir la delincuencia; por el
contrario, les escuchará hablar de sus verdaderas prioridades: el
aborto, los derechos humanos, los derechos de las minorías sexuales, el
conflicto en La Araucanía, la educación sexual en la infancia, quitarles
facultades a las policías, etc.
Esta
es la verdadera, real y cruda “nueva” democracia a la que aspiran los
líderes de cristal. Pero seguirán ofendidos, porque ellos quieren ser
siempre juzgados por sus intenciones, mas no por el resultado de sus
acciones concretas. Piense en Valparaíso actualmente, ícono de la
“nueva” democracia: grandes discursos de su alcalde, pero míseros
resultados concretos de su gestión, que han llevado a esa ciudad al
abandono, a la suciedad de sus calles, a estar todos sus muros rayados, el mobiliario ciudadano destruido, la delincuencia desatada.
“Nueva democracia” comandada por líderes de cristal: un binomio explosivo, fascista y empobrecedor.