En
tiempos recientes, la idea de un Chile justo y de oportunidades para
todos pasó a convertirse en una desesperanza generalizada, por malas
condiciones de vida, por injusticias, por desigualdades. A lo anterior
se sumaron los evidentes síntomas generalizados de corrupción en casi
todas las instituciones del país, trayendo consigo la falta de
credibilidad en ellas y sus representantes, una crisis en los procesos
democráticos, un alejamiento de la ciudadanía y una falta de diálogo
permanente. En este escenario emerge Gabriel Boric candidato, con una
luz de esperanza en que las demandas pueden ser escuchadas y que otro
Chile es posible. Para los socialistas magallánicos, desde la campaña de
Carlos González a alcalde el año ‘92 que la canción de Silvio Rodríguez
“Venga la esperanza” no nos llenaba de sentido. “Venga la esperanza de
cualquier color, verde, roja o negra, pero con amor”, como dice una
estrofa, nos invita a la idea que todos juntos podemos avanzar a
construir un nuevo Chile donde el bienestar y la justicia social sean
ejes rectores. Desde la campaña de segunda vuelta hasta estos días de
investidura y posesión del cargo presidencial, Chile se ha cargado de
una atmósfera de esperanza, de anhelos, de confianza, de alegría,
gracias a un sólo crisol… la figura del presidente Gabriel Boric Font.
Más allá de los desafíos del Gobierno, de la implementación del
programa, las incertidumbres de la economía, de una pandemia que nos
sigue amenazando o de todos los baches que deja el desgobierno de
Piñera, la figura y la actitud del presidente Boric en estos días han
sido capaces de alejar todas las desconfianzas que el ciudadano común
tenia con las instituciones y la democracia que habíamos construido. La
cercanía ha provocado que adultos y niños puedan tener la experiencia de
compartir un saludo, unas palabras o un cariño del Presidente, algo que
dejará huellas en las próximas generaciones. Lo afable y empático
entregan al ciudadano un momento de cariño, aceptación y diálogo que
proporciona una sensación de que por fin alguien los escuchó y se
preocupó de verdad con atención y honestidad por sus problemas, por
pequeños o complejos que ellos sean. Lo inclusivo y convocante de su
discurso y acciones genera un compromiso colectivo por los desafíos
venideros, donde la tarea será de todos, desde el Gobierno hasta cada
uno de los ciudadanos y sus organizaciones, todos estamos convocados. En
tiempos que Chile demanda cambios profundos, las dudas (injustas y
sesgadas) producto de la juventud del presidente Boric rápidamente se
tienden a esfumar. El joven ha demostrado que es adulto y que la edad es
más bien un beneficio para la investidura presidencial y su relación
con la ciudadanía. Las salidas de protocolo, su ropa cómoda y por ello
hasta gastada, su espontaneidad, su honestidad al presentar sus TOC, su
deferencia con gran sencillez, configuran la estampa del nuevo
Presidente de Chile, en estilo que con urgencia le hacia falta a la
república y a nuestra alicaída democracia. Un estilo que tampoco deja
dudas y que rápidamente baja la pelota al piso marcando el rumbo y
desafíos de su administración, porque las transformaciones no pueden
esperar, pero tampoco causar más incertidumbres. Que no asuste y
desespere la gradualidad, porque sin duda sentarán las bases para llegar
lejos. En pocos días el presidente Boric ha generado una luz de
esperanza no solo de que un nuevo Chile es posible, sino además que
todas y todas somos parte de él. El presidente Boric ha logrado hidratar
la democracia, a fortalecido el concepto de gobierno y nos proporciona
una hermosa oportunidad de trabajar juntos por Chile. Que venga la
esperanza.