Lo
que ha venido sucediendo desde que asumió el actual gobierno, es una
retahíla de hechos que están poniendo a prueba la paciencia de los
chilenos. Llama la atención que los supuestos políticos jóvenes, pero
avezados que hoy gobiernan, no se den cuenta de la presión que se está
acumulando en el país. Pareciera que viven en una realidad paralela;
como si todo lo que dicen y hacen por arte de magia la ciudadanía lo va a
entender. Se aprecia un “cabreo” con la conducción política y económica
de la actual administración. Calladamente, como esperando
rectificaciones, enmiendas, cambios de rumbo, la población mira
expectante la serie de sucesos que mantienen al país en la
incertidumbre. Sin embargo, el gobierno sigue el mismo rumbo sin tomar
en cuentas que las circunstancias cambiaron desde que asumieron.
Ciertamente uno de los grandes problemas de las ideologías es que si la
realidad no calza con las ideas, es problema de la realidad y no de las ideas. Algo así está sucediendo ahora.
Recién
asumido, muchos vieron o trataron al Presidente como un rockstar, una
figura nueva y casi impoluta que venía a hacer las cosas distintas en el
país. Denostando los últimos treinta años del país, una generación
nueva tomaba el testigo en la conducción del país y el Presidente “todo
lo iba a cambiar”. Por eso las expectativas han sido tan altas. Por eso
la errática conducción política mantiene al gobierno con dos tercios de
rechazo a su gestión, que ha sido una constante en el tiempo.
Primero
fue la negativa inaudita, inédita en la política nacional republicana,
que un gobierno y un Presidente se negaran a gobernar a la espera de un
suceso que no podían del todo manejar, como fue el plebiscito
constitucional de septiembre del año pasado. Desperdiciar seis meses de
gestión de gobierno es casi criminal. Es poner en pausa las necesidades
de la gente por una razón política e ideológica que sólo interesaba al
gobierno. Es que parece de no creerlo. Luego del triunfo del Rechazo el gobierno no se levantó de inmediato, pues la derrota que sufrió fue contundente.
En
diciembre al Presidente se le ocurre indultar, dejar libres, a varios
delincuentes, lo que causó indignación en muchas personas. La
explicación presidencial más que aclarar, oscureció más aún ese hecho,
especialmente cuando la delincuencia ha sido una piedra en el zapato
para el gobierno. Luego las cifras económicas revelan lo que es evidente
al caminar por las ciudades: el decaimiento de la actividad comercial y
la cesantía que instalada en el país. Se recuerda acá la frase del
entonces candidato Clinton cuando entendió que el problema de la
administración Bush era el manejo económico, lo que le permitió a aquel
hacerse de la Presidencia de Estados Unidos.
Luego
el caso fundaciones, que revela una trama de libar dinero al Estado por
parte de jóvenes afines al gobierno y lo más probable, muchos de ellos
amigos o cercanos al Presidente de la República. Cientos de millones de
pesos entregados directamente por el Estado a fundaciones sin
experiencia en las actividades para las que postularon. Esto es
gravísimo, especialmente porque se distrajeron fondos destinados a los
más necesitados, que son en teoría, la preocupación y ocupación de un
gobierno “progresista” como este.
Todas
estas situaciones y otras menores, pero que van sumando día a día,
pueden generar un clima de inestabilidad política y social. Porque
cuando se toca el bolsillo de las personas por parte del gobierno,
entonces la olla a presión puede explotar.