“Violenta
reacción de automovilista contra otro conductor en plena Avenida Frei
en Punta Arenas”, “Instituto Don Bosco de Punta Arenas recibió amenazas
por redes sociales y tomará medidas especiales”, estos son algunos de
los titulares que han marcado la agenda en el plano local, pero si nos
vamos al plano nacional, los titulares son casi similares, pero quizás
de mayor gravedad, como, por ejemplo, el hecho ocurrido con un
estudiante herido a bala, más allá de cómo habría sido el incidentes.
Pero también han ocurrido otros acontecimientos que han sido destacados
por los medios nacionales que levantan una voz de alerta en la
comunidad.
Ante
estos hechos que son diferentes a los delitos comunes del ámbito de la
delincuencia, nos preguntamos qué está pasando en nuestra sociedad, por
qué hoy estamos más agresivos, menos tolerantes, menos pacientes, menos
solidarios, menos conscientes y hasta indiferentes en situaciones que a
veces ocurren ante nuestros propios ojos. Será culpa de la pandemia o
simplemente nació un virus que nos hizo cambiar y que cada día se vuelve
más dominante.
Cuando
se les consulta a los expertos por esta agresividad e intolerancia que
estamos viviendo día a día en las calles, en los colegios, en los
centros de salud, en las autopistas, responden que este comportamiento
puede ser derivado a raíz de la pandemia que hemos vivido durante estos
dos últimos años, que el encierro en cuarentena nos estresó, nos puso
menos tolerantes, y que hoy al estar más “liberados” soltamos todo lo
que acumulamos en este tiempo.
Pero
será tan así, el Covid-19 será el responsable de estas conductas que
estamos viendo como sociedad. O más bien será que hoy hemos perdido el
respeto a todo y que lo único que nos interesa son nuestros derechos,
los cuales creemos que están sobre los derechos de otras personas. Pero
nos olvidamos a su vez que como personas tenemos deberes, los que hemos
dejado de lado, perdiéndose el equilibrio entre los derechos y los
deberes.
Claro
está que para este comportamiento que hoy nos rodea en nuestra vida
cotidiana no existe una vacuna de primera o cuarta dosis, no hay una
varita mágica que haga desaparecer esta pandemia de intolerancia y
violencia, tanto verbal y en ocasiones hasta física. Nos preguntamos,
entonces, cuál será el camino para una convivencia sana entre nosotros,
que nos permita pasar de la agresión al diálogo, sin odio y sin
violencia.
Quienes
ya peinamos canas miramos este panorama con cierta preocupación, pues
somos parte de una generación que crecimos en una sociedad más
tolerante, más solidaria, pero, sobre todo, menos agresiva.