Están
los que resisten y nunca se lamentan, los que dicen: yo para qué vivo.
Los que recuperan rápido sus fuerzas y los que lucran con lo que he
perdido. Hay quien sucumbe y se levanta; hay quien se queda allí siempre
tendido; hay quien te ayuda a despegar y los que nunca te reconocen
cuando estás vencido. Cuantos hay que piensan que es tarde para todo y
cuantos claman “siempre adelante”; cuantos los que ven la piedra en el
camino y cuantos los que nunca miran nada. La alegría con la fuerza se
alimenta y no hay muros ni rejas que la frenen. Hay quienes desembarcan
ardiendo con un grito, sin barcos y sin armas por la vida. ¿Hay alguien
que bendiga esta hermosa comunión de los que pensamos parecido? Somos
los menos, nunca fuimos los primeros, no matamos ni morimos por ganar,
más bien estamos vivos por andar, esperando una piel nueva de este sol.
No pretendemos ver el cambio, sólo haber dejado algo, sobre el camino
andado que pasó. Ya es normal ver chicos sin zapatos, buscando comida en
la basura y es una postal la puerta de la iglesia de esa madre con su
criatura. Mientras esto pase no habrá gloria, porque es arena que se
escapa entre los dedos; es dolor, es mentira, es hipocresía; es un
tiempo frágil de estos días. La ignorancia a veces puede con un pueblo y
ganan tiranos y verdugos. Creemos que la historia se hizo en un minuto y
todo lo vivido, es un mal sueño. A veces somos nuestros enemigos y
ensuciamos las rutas y los ríos. Matamos en la guerra y en las calles
hoy tenemos viejos monumentos de asesinos. ¿Hay alguien que bendiga esta
hermosa comunión de los que pensamos parecido? Soledad sobre ruinas,
sangre en el trigo, rojo y amarillo, manantial del veneno, escudo,
heridas, cinco siglos igual. Libertad sin galope, banderas rotas,
soberbia y mentira, cinco siglos igual. Desamor, desencuentro, perdón y
olvido, cuerpo con mineral, pueblos trabajadores, infancias pobres,
cinco siglos igual. Se caen los sueños, en el país de la libertad,
reviven las esperanzas, en las nubes del mañana, cinco siglos igual.
Comparsas con padrinos, mediocridad presente, cinco siglos igual.
Oportunistas y vividores; deslealtades y traiciones; cuentistas y
habladores, cinco siglos igual. La poesía del cantautor argentino, León
Gieco, llama a la reflexión de las realidades planteadas.