Este
miércoles la reforma tributaria fue rechazada dando un duro golpe a la
administración del Presidente Gabriel Boric. Como bien sabemos, la
negociación de dicha reforma fue llevada por el ministro Mario Marcel,
del cual siempre he tenido la mejor impresión, en particular, por su
experiencia profesional.
En
su declaración ante este rechazo, se le vio muy molesto indicando como
esta decisión afecta a gran parte de la población que no podrá tener un
aumento en la Pensión Universal, o la reducción de las listas de espera
en los hospitales, entre otros aspectos. Y claro, cómo no iba a estar
molesto, si su equipo trabajó más de 8 meses en la sociabilización de
este proyecto.
En
Magallanes la votación fue a favor de la reforma, con los diputados
Carlos Bianchi y la diputada Javiera Morales a favor, mientras que el
diputado Christian Matheson voto en contra de la iniciativa evidenciando
las marcadas posiciones políticas que existen en nuestro país.
Ahora
bien, las intenciones de la reforma no las podemos colocar en cuestión,
ya que sostenía como principio fundamental, el aumentar la recaudación
fiscal para la mejora de los beneficios que podían ser entregados a los
hogares que son más vulnerables en nuestro país. Además de aquello,
presentaba nuevos mecanismos para evitar un mal endémico de nuestro
país, que es la colusión y la elusión.
No
obstante, el momento en el que se presenta esta reforma tributaria no
es el adecuado -y este discurso no es nuevo- ya que son muchos los
actores del mundo académico que han indicado los beneficios de una
reforma, pero en un momento adecuado. Sólo basta recordar la reforma
tributaria que fue propuesta en el gobierno de la presidenta Michelle
Bachelet, donde el escenario era mucho más propicio que el actual, y a
pesar de aquello no logro recaudar lo prometido, obligando a un
incremento del déficit público y a un bajo crecimiento económico en sus 4
años de gobierno.
En
nuestro país recién vemos que la inflación deja de presionar; pero aún
tenemos temas complejos, como la inversión, sumado a los problemas
internacionales que se han convertido en una constante para el
desarrollo de las economías emergentes como la nuestra. De hecho, en
Magallanes vemos una industria agotada, que puede traer inconveniente en
el empleo.
Pero
bien, sin lugar a dudas, falto consensos y disposición para dialogar
sobre temáticas que eran propuestas por distintos sectores en este
proyecto de Reforma Tributaria. De modo, que más que un problema
técnico, la discusión se vio rodeada de ideologías políticas, aspecto que no hace bien a nuestro país.
Debemos
recordar que el motivo de este rechazo no viene exclusivamente de la
oposición, sino que también de sectores independientes del parlamento.
Incluso, los votos de la Democracia Cristiana estuvieron en duda, hasta
que representantes de la falange en la comisión de hacienda, se
comprometieron con el ejecutivo, enfatizando la necesidad de mejoras en
la misma reforma, en especial, en lo que ya hemos dicho: las Pymes y la
inversión.
Para
un país como Chile el ahorro y la inversión son aspectos fundamentales,
en especial, en un escenario económico que se ha mostrado desafiante en
este último tiempo. Esperemos que los sectores de la política entiendan
aquello y promuevan un dialogo con altura de miras y alejado de la
ideología, como fue lo que ha ocurrido este miércoles en el parlamento.