Durante
el año 2020, como efecto del confinamiento al que nos obligó el
Coronavirus, el 84% de los países registraron mejorías en cuanto a la
calidad del aire, según estableció el último Reporte Mundial de Calidad
del Aire que elabora la plataforma IQAir. Es decir, que como
consecuencia de una paralización de muchas de las actividades que
realizamos los seres humanos el planeta tuvo, literalmente, un respiro.
Lamentablemente,
todo parece indicar que ese pequeño respiro no fue suficiente para
remediar el daño que durante demasiado tiempo le venimos causando a la
tierra, nuestro único hogar, y el lugar que les dejaremos a nuestros
hijos y nietos. Para nadie es un misterio que los efectos del
calentamiento global, consecuencia de la emisión de gases de efecto
invernadero, están incidiendo directamente en el Cambio Climático que ya
estamos viviendo.
En
realidad, existe una abrumadora cantidad de evidencia científica y
también empírica de que las cosas ya no son como antes. Pero para no
perdernos con datos y cifras de otros lugares veamos qué está pasando en
Chile. Lo primero es que el clima que conocimos quienes nacimos en la
década de los setenta ya no existe más. No pretendo hablar como una
científica porque no lo soy, pero sí recuerdo que acá en Magallanes o en
Santiago, como muchos amigos me dicen, los inviernos ya no son lo que
eran. “Antes en el invierno hacia frío y llovía (en nuestra región
nevaba)”, es la frase que me repiten a propósito de las altas
temperaturas registradas estos días y la poca cantidad de agua caída.
¿Qué
pasa hoy? Según información publicada por medios nacionales que cita a
expertos la situación es la siguiente; al cierre del invierno
meteorológico en la Región Metropolitana (RM) cayeron 59,2 mm de agua,
cuando lo normal para la fecha debería variar entre 139 mm y 237 mm. En
Valparaíso solo cayeron 94,4 mm y los registros de Curicó, en la región
del Maule, muestran precipitaciones de apenas 83,2 mm. Otro dato: El
déficit de nieve en Coquimbo se estima en un 96%; en Valparaíso 92%;
mientras que en la RM sería de 99%.
Todo
parece indicar que ya no estamos en presencia solamente de años menos
lluviosos que antaño, sino que se trata de una nueva realidad climática
que se caracteriza por temperaturas cada vez más altas y precipitaciones
mucho más escasas. Si usted cree que en Magallanes no tenemos de qué
preocuparnos le sugiero que vemos qué está pasando en la Antártica.
En
septiembre del año pasado se conoció un estudio de la Universidad de
Santiago que estableció que el continente blanco había registrado las
más altas temperaturas en las últimas tres décadas, con niveles de más
de un grado de lo considerado normal. Si bien esto puede parecer poco,
para efectos de la Antártica no lo es, pues actúa como un efecto dominó
con diversas consecuencias en los hielos, aguas y fauna.
Los
expertos a nivel mundial dieron la alerta hace ya un tiempo, pero hoy
existe consenso en que de no tomar medidas drásticas ahora, los efectos
del Cambio Climático serán mucho mayores y no debemos olvidar que Chile
es de los países que se verán más afectados por este fenónemo global.
Esta
semana aprobamos en el Congreso un nuevo Código de Aguas que, en lo
medular, refuerza el carácter de bien de uso público de este recurso que
es un paso muy importante, pero que no es suficiente para resolver la
crisis que estamos atravesando. Haciendo un símil entre el Coronavirus y
la situación que hoy vivimos, bien se podría decir que la Tierra está
siendo atacada por un virus que no es más que la propia raza humana.
Entonces surge la pregunta ¿será el planeta capaz de vacunarse contra
nosotros y seguir con su existencia?