Una transición inteligente

El
Gobierno anunció en julio el cierre adelantado de cuatro centrales
energéticas a carbón para 2025, lo que acelera el plan de
descarbonización de la matriz energética, que contemplaba su retiro en
2040. La medida persigue reducir la emisión de aproximadamente 6
millones de toneladas de CO2. Si lo llevamos a un ejemplo práctico,
significa sacar de las calles del país más de 2,4 millones de vehículos
particulares. Con esta iniciativa se sumarían al plan 1.097 MW de retiro
y quedarían operativas 10 de las 28 centrales a carbón entre 2026 y
2040: un 20 % de la capacidad instalada actual.

Si
bien es cierto la descarbonización acelerada podría llegar a tener
efectos al alza en el nivel de precios de la energía eléctrica, es
importante que esta transición sea de forma inteligente. Algunos
elementos a considerar implica llegar a acuerdos que no generen
distorsiones en el mercado.

Por
otro lado, se debería apuntar a favorecer mejoras en cuanto a la
emisión con la adopción de tecnologías más limpias, como por ejemplo
evolucionar de la leña a la electricidad en las regiones donde su uso es
intensivo. El Gobierno ya trabaja en la materia en una alianza
público-privada a través de un Piloto Nacional de Calefacción, y sus
resultados darán una interesante mirada para profundizar ese camino.

Por
último, es indispensable aprovechar las características propias que nos
otorgan como país ventajas competitivas a nivel mundial. En este
sentido, aparecen elementos como la inversión en energía solar a través
de incentivos regulatorios y la incorporación de tecnologías que
potencien la eficiencia.

Los
incentivos están a la vista: el Banco Mundial estima que cumplir con el
plan de descarbonización al año 2250 implicaría para el país un aumento
adicional promedio de 0,13% en el PIB, agregando en total US$31.000
millones a la economía.

Se
trata de un compromiso loable pero también complejo. El país necesita
preparar una estrategia que se adapte al aceleramiento de la
descarbonización en un plazo más acotado. El hidrógeno verde es una
alternativa interesante y que genera adhesión en el mundo político,
aunque falta un mercado específico.

El
anuncio del Gobierno de adelantar el plan de descarbonización implica
acelerar este trabajo con una estrategia y trabajo responsable y
eficiente. Una “descarbonización abrupta” no es la señal adecuada, sino
más bien adoptar las mejores medidas, técnicamente validadas, para
cumplir con las metas robustas pensadas para una matriz más limpia.

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