Han
aparecido, en las últimas semanas, un sinnúmero de voceros informales
que, con diversos motivos hacen reportes diarios, infundiendo miedo de
forma casi apocalíptica como una estrategia de concientización o para
motivar a la gente a quedarse en casa. La verdad es que poco aportan y
muchas veces los resultados son contrarios a lo esperado e incluso
perjudiciales (angustia, temor, aglomeraciones). El camino al infierno
está plagado de buenas intenciones.
Por
otro lado, tenemos un Gobierno carente de una comunicación apropiada y
efectiva, que se limita a entregarnos un reporte diario y que es incapaz
de proporcionarnos certezas sobre el momento que vivimos, sobre la
capacidad del sistema para responder a la crisis, sobre lo que se
avecina de mantenerse esta tendencia y sobre el compromiso que debemos
asumir individual y comunitariamente. La vocería debe tener credibilidad
y por sobre todo tiene que incorporar la institucionalidad técnica.
La
gente está ansiosa y estresada, la gran mayoría cumpliendo con el
autocuidado y la cuarentena, encerrada hace varias semanas en sus casas,
pero las vocerías informales la llevan a la angustia y al miedo,
atentando directamente contra la salud mental de la población. Frente a
ello una vocería técnica y creíble debería diariamente entregar certezas
y orientaciones. Las personas necesitan saber con claridad qué deben
hacer para evitar el contagio, cómo proceder si presentan síntomas y si
habrá un sistema de salud (personal sanitario y equipamiento) que pueda
ayudarles. Esta vocería también debe Informar cómo evoluciona día a día
nuestra realidad, en qué contexto ocurre y qué medidas se adoptan para
mejorar esa realidad desde lo local.
Hace
algunas semanas, representantes de diversos Partidos Políticos
propusimos la creación de una “estrategia regional Covid” que sea
participativa y ampliamente difundida, con el propósito de saber qué
hacer en distintos escenarios, deslindando responsabilidades
individuales, gubernamentales y comunitarias, y de procurar las
condiciones mínimas para el desarrollo de nuestro diario vivir, pero por
sobre todo con el objeto de establecer un plan que asegure las
capacidades humanas, de insumos y equipamiento para una oportuna y
correcta atención.
Insistimos
en hacer un llamado a toda la comunidad a la conciencia, la
responsabilidad, el autocuidado y la solidaridad. De las acciones de
cada uno de nosotros depende la salud de todos. Cuidándose usted,
restringiéndose usted puede ayudar a salvar la vida de su familia, de
sus amigos o de sus vecinos. Este llamado también se hace extensivo a
las Autoridades, a procurar una comunicación clara y efectiva que
reduzca la ansiedad de las personas, a transparentar el escenario, las
condiciones, medios y alternativas.
De
esta salimos todos juntos, incluyamos y comprometamos las acciones.
Volver a abrazar a sus seres queridos depende de lo que haga cada uno.
La primera línea somos todos.