El jueves recién pasado
se conmemoraron 103 años del asalto a la Federación Obrera de
Magallanes, hecho que ha quedado marcado a fuego en la historia de
nuestro país y región. Fue en aquella fatídica noche donde la policía
quema la sede de la FOM con trabajadores dentro al mismo tiempo que
disparaban a aquellos que pretendían huir, no habiendo más motivo que el
interés de algunos empresarios de la época y la incomodidad que les
generaba la organización de los trabajadores que luchaban por un mejor
vivir. Hoy en día, algunas de sus luchas nos pueden parecer peticiones
totalmente lógicas y de acuerdo transversal, como por ejemplo, una
jornada laboral de menos horas. Por esa razón, debemos prestar atención a
cada intento de retroceder en los derechos que hemos conseguido con
distintas luchas a lo largo de la historia y de las cuales somos
herederos.
Somos
testigos del crecimiento económico que se ha generado las últimas
décadas en nuestro país pero también como el sistema económico imperante
ha traído consigo una cuantiosa y notoria desigualdad y, es en este
contexto, donde se generan gran cantidad de las demandas impulsadas por
el pueblo chileno las cuales sería absurdo desconocer que están
asentadas sobre la memoria y el accionar colectivo de generaciones
pasadas. La lucha de la FOM y de tantas otras organizaciones obreras del
siglo pasado y ciudadanas en el presente, representan una necesidad
ante la constante arremetida de sectores conservadores que ya no solo
buscan mantener las cosas como están sino incluso retroceder en avances
civilizatorios.
Tanto
ayer como hoy nuestras luchas van en busca de un mejor vivir y mayor
justicia, camino en el cual la unidad de las personas que defienden
determinados intereses es de vital importancia. La unidad, como
mancomunión de visiones de futuro y sustento del accionar colectivo es
una cualidad que debemos recordar, defender y articular en el presente
para poder seguir soñando con un Chile más justo, en el cual puedan
convivir la pluralidad de personas e intereses que hoy se hacen presente
en nuestros territorios.
Esto
lo entendieron organizaciones como la FOM y, en un proceso de
importancia histórica como el que estamos cruzando, es nuestra
responsabilidad seguir en la senda que nos permita construir un
escenario donde un futuro más justo, solidario y equitativo ya no sea
tan solo una utopía.