Para
algunos el concepto “Universidad” se refiere a una institución de
enseñanza superior con algunas facultades de acuerdo a las
especializaciones que esta entrega. Pero ¿esto es una universidad?
La
verdad que en lo personal no lo creo así. Para mí el concepto de
“Universidad” comprende una irrupción social poderosa en una comunidad;
irrupción que va más allá de sus propias especializaciones, ya que tiene
un objetivo relacionado con aportar desarrollo, pero por sobre todo
identidad regional. Es con esto, que los congresos, los seminarios, las
investigaciones, los conversatorios, etc, son vitales para fortalecer el
vinculo comunitario que una universidad debe tener con su entorno.
Ahora
bien, es probable que sea algo molesto para algunos el leer que las
Universidades Estatales son entidades públicas y que su comportamiento
es muy similar -por no decir igual- a otras empresas del Estado. Pero es
importante recalcar este hecho, ya que al igual que dichas empresas
estatales, las Universidades de Estado tienen un rol, y dicho rol no es
el mismo que una entidad privada que se convierte en una alternativa de
oferta en el mercado de la educación superior. Si esto fuera así,
dejemos que tan sólo el mercado adecue la oferta educacional, con becas
del Estado que permitan que los estudiantes libremente puedan elegir
entre las diferentes alternativas que existen en dicho mercado de la
educación. En un escenario como aquel, una Universidad Pública no tiene
mucho que hacer y tampoco tendría mucho sentido su existencia. Es más,
en nuestro actual modelo económico subsidiario, deben existir fallas en
el mercado para que el Estado considere el conservar una Universidad
Estatal.
Pero
más allá de este modelo subsidiario, existe un rol de la Universidad
del Estado que ninguna otra institución puede realizar, y dicho rol, es
la generación de espacios de divulgación intelectual y académica
inclusivos y plurales.
Es
con esto, que la Universidad es una institución estratégica que va más
allá de ser tan sólo una alternativa en el mercado de la educación
superior y por ende, no tiene ni debe imitar el funcionamiento al que ha
quedado expuesta por muchos años producto de la poca importancia que le
ha sido entregada por los distintos gobiernos que han pasado en nuestro
país.
Sin
embargo, lo anterior no es excusa para abusar de la institución, en
particular, porque estas no fueron creadas para convertirse en botines
políticos de gobiernos de turno, ni tampoco en aventuras colectivas que
llevan a extremos el quehacer universitario.
Una
“Universidad” es de la comunidad, y con ello su autonomía es vital para
resguardar su prestigio público, su marca, sus objetivos, por nombrar
algunos aspectos.
Con
esto, el rol de muchos profesores -en los que me incluyo- nos llevan a
mostrar a nuestros estudiantes la importancia que tienen las
instituciones de educación superior en la formación y desarrollo de
nuestro entorno; el enseñar a “cómo pensar” y no “qué pensar” es nuestra
principal misión.
Es
urgente y necesario que estas entidades públicas tengan autonomía, al
igual que otros organismos del Estado como lo son la Contraloría General
de la República o el Banco Central. Una vez que el Estado entienda
dicha misión estratégica habremos logrado dar un paso importante para la
construcción de verdaderas instancias de desarrollo regional.