Recientemente,
fueron publicados los resultados de la encuesta del Centro de Estudios
Públicos (CEP); como sabemos, esta encuesta mide tradicionalmente
aspectos vinculados a la democracia, su funcionamiento y el grado de
adhesión a los mecanismos de representación política. Asimismo, este
instrumento mide el grado de valoración o confianza de los ciudadanos
hacia diversas instituciones del país. Entre los resultados que me
interesa destacar es que el 54 por ciento de los encuestados ubica a las
universidades como las instituciones que generan mayor confianza en la
ciudadanía, este resultado es comparativamente superior, en relación al
mismo periodo del año anterior (2021) en que esta medición arrojó un 47
por ciento de confianza. Considerando que las universidades son
instituciones educativas con una gran responsabilidad en la formación
integral de las personas, este positivo resultado nos entrega evidencias
de que la ciudadanía observa, en términos generales, con confianza el
trabajo educativo de las instituciones de educación superior, al mismo
tiempo esta percepción positiva ha aumentado en 7 puntos en un año. La
relevancia de estos resultados radica en que las universidades no sólo
son instituciones cuyo rol es promover la excelencia académica, sino
principalmente, su sentido final es la excelencia y desarrollo humano en
todas sus dimensiones. En un contexto de desafíos para el desarrollo de
la educación superior, estos resultados son alentadores para continuar
potenciando las actividades universitarias académicas e investigativas.
Sin embargo, es necesario reflexionar más profundamente sobre el sentido
y la finalidad de las instituciones universitarias en el actual
contexto de mercantilización de la educación superior tanto en Chile
como en el mundo. Al respecto, y atendiendo al consejo de la filósofa
española Adela Cortina (2005) para realizar esta reflexión, es
conveniente primero pensar y discernir sobre las actividades humanas que
nos conduzcan a conseguir esa excelencia en el campo de la educación,
la ciencia y el desarrollo humano en el marco de nuestras sociedades. Y
sólo en segundo lugar, discernir y pensar en las instituciones que
requerimos para mantener y prologar las actividades humanas precitadas. Y
ello es así, porque el sentido de las instituciones educativas en
general y de las universitarias en particular proceden de desarrollar
esas actividades vinculadas a las esferas del conocimiento y del saber
que hacen parte de la vida social y de la experiencia humana. De ello se
deduce que las instituciones deben estar al servicio de esas
actividades humanas que están a su base y no viceversa, en otras
palabras, si buscamos incrementar la confianza de la ciudadanía en las
instituciones universitarias debemos profundizar en aquellas actividades
sociales que son características distintivas de las actividades
universitarias como es la actividad cooperativa o colaborativa en la
cual convergen distintas personas para alcanzar un fin en común, el cual
en el caso de la actividad universitaria es el conocimiento, el
desarrollo científico y la innovación tecnológica, pero más globalmente
es especialmente el desarrollo individual y colectivo de las personas
que habitan en el territorio donde se realiza la actividad académica, en
el caso de la región de Magallanes y Antártica Chilena, existe un gran
desafío que debiera orientar el quehacer universitario y éste tiene
directa relación con la necesidad de incrementar la confianza de los
habitantes de nuestra región en su Universidad, en la calidad formativa,
en su compromiso social, en la transparencia de su gestión, en su
vocación de servicio, en otros términos comprender que una Universidad
Pública, Estatal y Regional debe por sobre todas las cosas estar siempre
al servicio de las personas que habitan nuestro territorio.