El
siguiente comentario es un paréntesis en los contenidos que están
siendo entregados con el fin de facilitar el éxito en la sociedad
actual. Porque resulta perentorio hacer conciencia, en cuanto al peligro
que implica que tanto los niños como los jóvenes permanezcan aún sin
asistir a clases presenciales.
Las
repercusiones de índole psicosocial que ha generado la pandemia se han
omitido, probablemente, porque su impacto negativo no es evidente en la
inmediatez, a diferencia del daño físico.
El
ser humano nace en un estado mucho más inmaduro e indefenso que
cualquier otro animal. Los recién nacidos necesitan de los adultos y son
quienes les ayudarán a sobrevivir durante sus primeros años de vida. Se
sabe que aquellos niños que sufren aislamiento social experimentan
dificultades cognitivas y sociales en la edad adulta. En el extremo de
esta situación están los denominados niños ferales o salvajes. Los
cuales son aquellos que han crecido sin tener contacto con humanos,
aunque han convivido con otro tipo de animales como: monos, lobos, etc.
Se les conocen como “salvajes” porque cuando se les encuentran y después
de pasar tanto
tiempo alejados del contacto social no parecen humanos, sino fieras.
Además evitaban el contacto humano y exhibían ausencia o poco desarrollo
del lenguaje. Consiguientemente, luego que se les encontraban resultaba
casi imposible rehabilitarlos.
Los
establecimientos educacionales no solo satisfacen los requerimientos
cognitivos o intelectuales de los niños y jóvenes. La escuela es una de
las instituciones sociales más importantes y completamente necesaria
para favorecer la inserción de los niños en la sociedad. Una de las
funciones principales y ocultas de la escuela es permitir que los
alumnos puedan sociabilizar con pares. Ser parte de la institución
escolar permite aprender a vivir en sociedad: adaptarse a reglas,
cumplir con las normas de comportamiento. Es allí donde los seres
humanos aprenden a convivir con otros. La convivencia en la escuela es
lo que hace que la persona empiece a independizarse de la familia,
pudiendo establecer lazos con personas externas del ámbito familiar.
La escuela también implica sanciones y castigos en caso de que no se
cumplan las normas de comportamiento y convivencia, tal como también
sucede en la realidad social.
Igualmente,
la pandemia ha provocado un fuerte impacto psicológico en niños y
jóvenes. Caracterizado por el miedo, ansiedad y preocupación ante amenazas
de naturaleza impredecible e incontrolable y elevado estrés. Además,
todas estas vivencian negativas la han sufrido lejos del soporte
emocional que comprende el establecimiento educacional, conformado
principalmente por sus profesores y compañeros.
Por
lo recién dicho, lo cual es solo un atisbo del todo el daño psicosocial
que ha generado la pandemia, se torna imprescindible el retorno a las
clases presenciales, porque así lo están clamando niños y jóvenes.
Incluso la Unesco afirmó
que el regreso a las clases presenciales tiene que adquirir un carácter
de “urgente¨, que implica estar fuera o al margen de los
establecimientos educacionales.