Las letras no tienen sentido si es que no están intercaladas para formar una palabra que nos rememore alguna sensación, algún impulso. Del mismo modo, las palabras carecen de un significado entendible si es que no están intercaladas en una frase que les dé forma y sentido. Y así podemos llegar hasta la formulación de las grandes ideas e inspiraciones que suelen mover y detener la marcha del mundo aunque sea por instantes imperceptibles. Paralelamente, el individuo por más perfecto que pretenda ser incluso en apariencia, y al igual que una palabra, carece de total sentido si es que no está involucrado en una red de conexiones de tipo bidireccionales y que históricamente ha resultado en la conformación de un conjunto que llamamos “sociedad”. Esta premisa basada en la idea propuesta por G. Bateson en la década de los 70 y denominada metodológicamente “Pasos Hacia una Ecología de la Mente”, nos advierte acerca del principio sistémico mediante el cual podemos señalar que el estado de cualquier individuo en la sociedad que tratamos de formar y formular, va a depender necesariamente del estado que hayan alcanzado los demás individuos que están insertos en ese entramado societario. Una cuestión que podría parecer muy fácil de entender, al parecer se nos quedó anclada lastimosamente y, pese a los insistentes llamados de atención al respecto, nosotros, como diría poéticamente R. Tagore, “seguimos a prisa nuestro camino, sin hacer caso”. La ligazón entre los individuos que debería basarse fundamentalmente en la Razón para generar un sistema armónico y responsable, puede también entrar a modos diferentes de bidireccionalidad, en donde primen la astucia y la fuerza para las nuevas conquistas de metas o refundación de aspiraciones. En tal caso, pensamos que los atributos de libertad, igualdad y fraternidad, considerados como conquistas nobles de la humanidad, pasan a las zonas grises y liquidas que suelen caracterizar períodos afortunadamente breves en nuestras historias como sociedad. Por ello, no cesamos de insistir en la mantención de la capacidad de diálogo como instrumento para avanzar en la acreditación de una sociedad en donde nadie esté excluido y nadie permanezca invariablemente discriminado por las condiciones que sean. En suma, se trata de construir un entramado social que renueve el concepto de sociedad, en donde el individuo vuelva a ser valorado y su existencia vuelva a tener sentido, en un claro sentido sistémico, por lo que es y no por lo que tiene. En este plano y en palabras del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, no tenemos otra opción que seguir insistiendo en dejar un legado construido por personas que asumen la práctica y conducta de los altos valores de la fraternidad, la tolerancia, la filantropía, la libertad de conciencia, los derechos humanos, la rectitud, la prudencia, el diálogo, la paz y el respeto a la ley y el patriotismo. Al fin, la idea es Preservar la Condición Humana de nuestra pequeña sociedad a partir del establecimiento de acuerdos morales, producto de la dialéctica y el consenso, lo que dará luces acerca del obrar humano, en un plano de virtud o en el plano del error.