Muchas
familias saldrán de vacaciones. ¡Qué bien! Dejarán su rutina diaria
para estar más tiempo con sus familias y realizar actividades que
durante el año no resultan fáciles de hacer. Quien pueda disponer de un
tiempo con mayor libertad de acción, independiente del lugar donde vaya,
ha de estar muy agradecido y sobre todo ha de aprovecharlo muy bien.
Lo
propio del hombre no es sólo hacer sino que también descansar y, sobre
todo, contemplar, es decir admirarse de todo cuanto ha hecho durante el
año y hacer un balance. Es un momento privilegiado para dar gracias a
Dios y a las personas que nos acompañan y ayudan. Junto con ello es el
tiempo de conversar más, especialmente con los hijos, que, si de algo se
quejan, es que se sienten solos.
Los
apuros en las vacaciones son un mal signo de cómo se está viviendo la
propia vida, como también sentirse imprescindible y llevar consigo
celular, notebook, internet, etc. El apuro constante y la imperiosa
necesidad de “estar conectado” son un signo de ausencia de paz interior y
de querer evitar y evadir lo que más necesitamos y lo que más nos
cuesta: encontrarnos con el otro en cuanto otro, y preguntarnos
mutuamente cómo estamos, qué es lo nos pasa y, escuchar, sí, escuchar.
¿Señor, le ha preguntado a su señora y a sus hijos cómo están? ¿Y usted
señora, lo ha hecho con su marido y sus hijos?
Las
vacaciones son un tiempo privilegiado también para pedir perdón por lo
que se hizo mal, por lo que se dejó de hacer y proponerse metas para el
año que comienza. Las vacaciones adquieren su sentido más profundo
cuando calan en las relaciones humanas y en la propia vida. Dado que no
estamos con la presión de todos los días, viene muy bien preguntarse por
el rumbo que lleva nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Y si
eso lo convertimos en oración, algo grande puede pasar en nuestras
vidas.
Si
alguien asocia vacaciones a sólo “pasarlo bien”, lo pasará muy mal dado
que ciertas formas de “pasarlo bien” suelen dejarnos vacíos y las más
de las veces “agotados”. ¡Cuánta conversación inútil¡, ¡cuánto tiempo
gastado en criticar, y muchas veces, porque no hay nada interesante en
nuestras propias vidas! Las vacaciones nos debiesen permitir leer más.
Les recomiendo algún tratado de filosofía o de historia. Muy
interesantes resultan las biografías. A los católicos y a los hombres de
buena voluntad les recomiendo que lean la Biblia y el magisterio de los
Pontífices. Es fácil acceder a ellas porque están las redes. Las
vacaciones también son un tiempo privilegiado para hacer más ejercicio
físico y dormir.
Hay
muchas personas, las más me atrevo a decir, que no saldrán de
vacaciones. En efecto, son muchas las familias que dada su precaria
situación económica no podrán cambiar de ambiente y tendrán que quedarse
en sus casas, que en general suelen ser estrechas. Ellos tendrán que
redoblar su creatividad para poder disponer espacios de afecto al
interior de la familia y de esparcimiento. Pero también es un tiempo de
mayor solidaridad respecto de aquellos que no pueden salir de vacaciones
y ofrecerles todo cuanto esté a nuestro alcance para que lo hagan.
Desde este punto de vista, aplaudo las iniciativas de la Iglesia, de los
municipios en favor de los más necesitados. Aplaudo también a tantos
estudiantes de educación media y universitaria que dedican parte
importante de sus vacaciones a misionar, hacer trabajos comunitarios o
bien a organizar vacaciones de los niños, ancianos, enfermos, que por sí
solos no podrían hacerlo.
Gracias les doy en nombre de todos ellos. ¡Felices vacaciones!