La
época de vacaciones es propicia para llevar adelante algunas acciones
postergadas que resulta imposible desarrollarlas durante el resto del
año. Para algunos y si el bolsillo lo permite, viajar y conocer nuevos
lugares es una opción, descansar en casa o encargarse de algunas tareas
hogareñas, son algunas opciones, pero hay una que siempre está; la
siempre buena compañía de un libro.
Los
que prefieren sumergirse en la lectura, saben que es una experiencia
sin comparación. Las versiones online no han logrado superar al papel y a
las atrapantes páginas. Aunque podamos percibir que el hábito de la
lectura se diluye, la literatura mantiene su encanto y encanto.
En
este contexto he estado revisando el siempre amplio y valioso panorama
literario regional y no dejo de maravillarme con sus autores, temáticas y
variados títulos que merecen ser destacados. Lamentablemente, muchas
veces pecamos de ingratos, negando o restando ofrecerles el sitial que
les corresponde.
Y
es que, así como se han creado paseos para mostrar, conocer, descubrir y
homenajear acontecimientos históricos importantes, estamos en
condiciones de ir transitando por un circuito de la literatura
magallánica que nos lleve por textos clásicos y más antiguos, hasta los
más recientes y que mucho han contribuido a enriquecer la cultura desde
el fin del mundo.
Cualquier
momento, como el verano y las vacaciones, representan un momento
propicio para recurrir a José Grimaldi y su eterno Ovejero de mi tierra.
Qué
decir de Francisco Coloane y sus viajes por la geografía del extremo
sur para mostrarnos como una película la vida por este territorio, el
arrojo y la valentía para enfrentar el ímpetu y fuerza de la naturaleza.
Poetas,
críticos y escritores embajadores de las letras nacidas en la
Patagonia. Tan relevantes como genuinos en su letras que no solo
corresponde relevar, es necesario asegurarnos de su permanencia en la
memoria colectiva de las generaciones más jóvenes.
Surgen
en este escenario, Enrique Campos Menéndez y Roque Esteban Scarpa;
Aristóteles España, Ramón Díaz Eterovic, Marino Muñoz Lagos, Ernesto
Livacic, Carlos Vega Letelier, Eugenio Mimica, el trabajo de Christian
Formoso, Óscar Barrientos, Patricia Stambuk y un listado realmente y
felizmente interminable.
El
verano asoma como una oportunidad para redescubrir la literatura
regional y las múltiples obras disponibles para aventurarnos en sus
historias que merecen ser compartidas entre la comunidad y quienes nos
visitan por estas semanas.
Finalmente
y como corolario, mencionar a nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral.
Maestra, sencilla, de bajo perfil, pero con una riqueza espiritual
interna y un carácter y sapiencia que la encumbró hasta coronarla con
el máximo galardón. En el intertanto, sembró la semilla del saber. Abrió
puertas para que las trabajadores y trabajadores tuvieran acceso a la
educación y preparación formal, liderando establecimientos educativos y
dejando un legado vigente que tenemos la fortuna de tener al alcance de
la mano, como un buen libro que de seguro también está en cualquier
hogar.