¡Vamos que se puede!

Mientras en el país y en
nuestra región los titulares de prensa se regocijan con el creciente
número de casos, batiendo todos los récords de la pandemia, recibimos
con alegría –y bastante menos publicidad– noticias alentadoras desde
otras latitudes: por ejemplo, México eliminó todas las restricciones de
entrada para residentes y extranjeros, ya no hace más testeos de PCR ni
requiere certificados de vacunación ni nada por el estilo; Reino Unido
elimina también dentro de los próximos días exigencias similares, y
desde la semana próxima ya no es necesario el uso de mascarillas en
lugares públicos ni privados; y así, en muchos otros países han optado
por la cordura de dejar de contar casos y dejar de meter miedo por una
peste que ya no fue.

En
efecto, a nivel mundial se está transitando de una pandemia a una
endemia, es decir, el bicho ya no es más peligroso que una gripe y por
lo tanto no vale la pena seguir tratándolo como un enemigo mortal. ¡Ese
debiese ser el titular de la prensa! Podemos y debemos recuperar nuestra
vida normal, sin miedo a coger un bicho mortal pues efectivamente ya no
es más grave que tantas otras pestes que siguen circulando.

Podrá
ser el efecto de las vacunas, tal vez; o quizá es simplemente la
evolución natural; no lo sabemos y, la verdad, no importa demasiado. Lo
que sí es relevante es que urge recuperar la actividad, que se abran las
fronteras y que volvamos a ver nuestras calles llenas de turistas y
locales circulando y conviviendo sin miedo, permitiendo que vuelva a
florecer la actividad de tantas Pymes que han visto muy mermado o
derechamente destruido su negocio.

No va a ser fácil restaurar la confianza; pero es necesario,
y es fundamental que nuestras autoridades, las ya salientes y sobre
todo las nuevas, entiendan que esto ya pasó, que tenemos que volver a
trabajar como siempre supimos hacerlo, que al final es la única fórmula
exitosa. Por su parte, la prensa y buena parte del personal médico debe
darse cuenta que no se puede seguir asustando a la gente – entre otras
cosas porque el cuento del lobo nunca ha sido una política exitosa – y
se debe poner el énfasis en la vida sana y en la sana convivencia, la
que tanto se hecha de menos. Y habrá que hacer sacrificios, por ejemplo,
habrá que volver a trabajar de manera presencial y cumpliendo turnos
completos; habrá que volver a clases presenciales, habrá que volver a
vivir.

La
vida tiene riesgos, y algo que estuvimos a punto de olvidar en estos
dos años de histeria, es que los riesgos hay que enfrentarlos, no huir
de ellos. Al fin y a cabo una vida sin riesgos no merece la pena ser
vivida.

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