Vendrá un líder

“Dios,
que buen vasallo, si hubiere buen señor”. Mío Cid Campeador, poema
épico de autor anónimo, que canta las hazañas de don Rodrigo Díaz de
Vivar, libertador de territorios ocupados por los moros en la España
medieval. En esa expresión se dice todo sobre la importancia del
liderazgo en los pueblos que así pasan a ser naciones, unidad de destino
en lo universal, y cuyo primer rasgo identitario es esa misma libertad
que el héroe de las dos espadas va consiguiendo para su pueblo
hispánico. Precisamente, los pueblos sin liderazgos tarde o temprano en
la Historia, son sometidos cuando no esclavizados. Y ese es hoy el drama
de nuestro país, que perdió el rumbo precisamente porque nadie lo
inspiro y condujo, y la prueba de lo mismo es esa creciente pérdida de
libertad real que sufrimos los chilenos, atados y dominados por el
miedo. Miedo al Covid, a la miseria, a los criminales, al terrorismo, un
pueblo con miedos no es un pueblo libre. Recuperar nuestras libertades
conculcadas unas y amenazadas otras, pasa porque surja un líder, un
conductor de la nación como una sola que es. Ese papel insoslayable no
lo puede cumplir una cosa, como la constitución y las leyes, que son los
hombres los que las hacen funcionar.

Estas
muy próximas elecciones son una confrontación entre dos modelos de vida
y sociedad, mucho más que de modelos económicos como los ignorantes
quieren simplificar. Pero además se confrontan ese extravío de la falta
de conductor de la nación, con el inminente surgimiento de un verdadero
líder, entre proyectos amorfos que aspiran a conducciones falsas y
espúreas que solo profundizaran e institucionalizaran la crisis total,
con el crecimiento explosivo y determinante del liderazgo impensado pero
a la larga lógico, de la candidatura Kast, representante de un modelo
de responsabilidad, de ley y orden, único camino en que un pueblo puede
prosperar en todo sentido. Pocas veces en la vida se tiene la
oportunidad de observar este fenómeno político que en esencia proviene
del nacionalismo latente en nuestro país y su base, y de la necesidad de
un líder que encarne lo mejor que dicha nación puede producir.

Chile
es una nación, no un mero conjunto de habitantes de un territorio,
menos de “territorios” de la jerga indigenista. Es un cuerpo colectivo,
con una mente común, un organismo social vivo capaz de defenderse en su
hora más oscura, cuando sus enemigos ya ni ocultan su intención de
matarlo como tal.

Es
de esperar que esta apreciación creciente por un liderazgo nacional
comprenda a las regiones, aunque me temo aún es muy pronto. Los
parlamentarios a elegirse seguramente seguirán en su mayoría el
derrotero amorfo del sistema a superar. Pero la semilla debe quedar
sembrada ahora. Hace días mencione la solución económica al precio del
combustible en Magallanes, los fondos espejo del Transantiago, millones
empozados y que pueden subvencionar el combustible de zonas extremas. Ni
una sola “autoridad” se fijó, el problema volverá a destaparse en pocos
días, esa es la mejor prueba de la falta de liderazgos regionales.
Llenos de candidatos, llenos de autoridades, llenos de ambiciones,
carentes de liderazgos. Ese es el esquema que Chile debe superar, que
Magallanes debe dejar atrás. ¿Nos atreveremos?

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