Venga esa callosa

De
joven, viví un tiempo en los Estados Unidos, donde al saludar a otra
persona, uno no suele estrecharle la mano. Aun cuando los saludos sean
cordiales y cálidos, éstos se expresan a distancia prudente. El gesto de
extender la mano es excepcional y hasta algo formal. Me costó
acostumbrarme a esos “hola, qué tal”, que percibía impersonales y
lejanos.

Pero
he vivido también en Francia, donde no debe existir otro gesto que
marque tanto a esa cultura, como el apretón de manos. Éste expresa el
inequívoco primer saludo de la mañana y la despedida de la tarde. Me
acostumbré a saludar de esa manera y, a mi edad, creo que ya no me
desprenderé de tan buen hábito.

En
Chile, aunque el beso descuidado en la mejilla ha venido a reemplazar
en parte el apretón tradicional de la derecha, éste se mantiene vigente,
sobre todo entre la gente popular. Estrechar la mano, en nuestra
cultura, no solo es un saludo, sino también una expresión que puede
significar respeto, sellar un pacto, fraternizar, una promesa,
reconciliación o apoyo. He observado que, entre los magallánicos, somos
muchos a quienes nos gusta tender fraternalmente la diestra.

Hoy,
los chilenos estamos llamados a cumplir con nuestro deber ciudadano de
votar a favor o en contra del proyecto de nueva constitución. Nos hemos
pasado varios meses observando un proceso inédito e interesándonos en un
texto llamado a ser el eje de la sociedad. Y lo hemos hecho con la
pasión con la que a menudo actuamos: observa
ndo,
analizando, expresando una opinión, discutiendo con quienes tienen
diferentes argumentos, tratando de convencerlos, generalmente dentro de
un marco de respeto, roto a veces por el irresponsable anonimato de las
redes o la excesiva ideologización de nuestras relaciones sociales. En
el mundo actual, tan lleno de intolerancias políticas, sociales y
religiosas, institucionalizadas a veces por sendas dictaduras, lo vivido
recientemente es más bien una excepción digna de destacar, ya que
expresar libremente su opinión en otras partes, ameritaría cárcel o
exilio. ¡Te queremos, democracia, quédate por siempre con nosotros!

En
unas horas más, una de las opciones habrá ganado en las urnas. Los
comentaristas y analistas nos dirán que hubo vencedores y vencidos. Se
contabilizarán cifras y expresarán argumentos para explicar los
resultados; se evocarán proyecciones y escenarios, se increparán entre
adversarios, apuntando los dardos contra los responsables de la derrota.
En el fugaz festejo de la victoria, va también, a veces implícito, el
desprecio y la burla hacia el vencido. Lo sabemos por haberlo vivido
tantas veces: la victoria tendrá esta noche muchos padres, y la derrota,
aunque pasajera, será huérfana.

Ante
la importancia del proceso que concluye y de lo que podría significar
su resultado, y teniendo en consideración la profunda división que
afronta nuestro país, ha llegado el momento preciso, ahora, antes que
cante el gallo de amanecida, para que el gesto simple de la mano tendida
aflore en cada uno de nosotros y se refleje en medio de la noche
invernal que nos cobija. “Venga esa callosa”, me dan ganas de decir, y
de gritarlo fuerte, para que mi voz provoque un eco prolongado que se
escuche y multiplique más allá del momento y del tiempo. Y como no puedo
salir a la calle con un megáfono a pregonarlo, lo escribo de la forma
más enérgica posible, adelantándome al resultado de las urnas, y a lo
que podría venir después, en la frustración de una derrota. Venga esa
callosa, amigo, compatriota, compañero, ciudadano; dame tu mano serena,
porque la necesito, como tú de la mía. Esta cadena humana que podemos
conformar, nos debe sujetar con fuerza. “Todas las manos, todas”, como
escribió Tejada Gómez y tan bien lo cantaron Cesar Isella, Los del Ocaso
y tantos otros. Sin tu callosa estrechando mi callosa, somos débiles y
podríamos extraviarnos en este laberinto oscuro en que nos encontramos.
Necesitamos sujetarnos y buscar ese hilo de Ariadna que nos permita
alcanzar la luz. Debemos hacerlo unidos, y las manos entrelazadas es
símbolo de fraternidad, condición esencial de sobrevivencia y de certeza
de mejor rumbo.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS