Cuando
la ciudadanía el año 88 le dijo No a Augusto Pinochet la alegría
invadió a una parte mayoritaria de la población y la esperanza de un
nuevo Chile se veía como una alternativa posible. En alguna forma
sensaciones similares surgen a partir de los resultados del día domingo.
A pesar de la dispersión de votos, la ciudadanía, escogiendo desde
variadas opciones, entregó un contundente respaldo a la redacción de una
nueva Constitución sobrepasando los 2/3 requeridos para hacer las
grandes transformaciones que requiere Chile.
El
mandato expresado por la ciudadanía en las elecciones dice en forma
clara que Chile exige cambios profundos, que se hagan cargo de las
injusticias y desigualdades de nuestra sociedad. La nueva Constitución
será diversa, con distintas visiones, representaciones e intereses, algo
más cercano a la realidad de nuestra población. Esperamos que las
diversas fuerzas que integrarán la Convención logren los acuerdos para
redactar una Constitución que sea la suma de las partes que Chile
demanda, ambientalista, con igualdad de género, social, solidaria,
regionalista y, por sobre todo, justa para todos y todas. La tarea será
difícil para los constituyentes: poder transferir todas las viejas
demandas y las nuevas ideas al nuevo texto constitucional.
La
expresión en las urnas también fue una evaluación. Sin duda la
ciudadanía marcó un contundente rechazo a gran parte de las estructuras
políticas tradicionales, especialmente a aquellas pertenecientes al
centro y la derecha. Gran
parte de los partidos de la ex Concertación fueron fuertemente mal
evaluados, especialmente aquellos más de centro, aquellos más
disponibles a respaldar políticas regresivas. Por otro lado, la debacle
de la derecha no tiene comparación, y su postura de rechazo a los
cambios estructurales que requiere Chile fue castigada electoralmente.
Su defensa a la Constitución de Pinochet, su llamado a obstruir temas en
la convención a pesar de ser minoría y, sin duda, la mala gestión de la
pandemia (con ayudas tardías, burocráticas, limitadas e insuficientes)
le pasaron la cuenta. La contundente derrota en gobernadores y
constituyentes evidencian que este Gobierno se acabó. Sin embargo,
increíblemente la respuesta viene del viejo manual facho, especulando,
generando incertidumbre, amenazando con caos. Los come-guaguas,
Chilezuela, los marxistas, volverán al parecer a apoderarse del discurso
oficialista y sus empresarios privilegiados.
Destacar
el proceso electoral sin incidentes, garantizando la votación y los
resultados, lo cual ayuda a fortalecer nuestra democracia. A pesar de la
pandemia, la
postergación de la elección, la doble jornada y lo complicado de cuatro
votaciones simultáneas, el proceso fue digno del momento histórico que
vivíamos, y valida sin dudas la expresión de las chilenas y chilenos en
las urnas. Chile se expresó y quiere cambios. Que venga la esperanza.