No todo lo que brilla es
oro. Partamos de la optimista premisa que, hay personas que nacen con
talentos o habilidades y que buscan o encuentran oportunidades, logrando
el tan anhelado éxito.
Otros
nacen con bienestar, lo que llamamos exageradamente en una “cuna de
oro”. Su pesado desafío es mantener el patrimonio familiar y no
dilapidarlo. Al derrochar su fortuna, destruyen de paso una fuente
importante de impuestos y de trabajo para la nación. Este segmento es
formado y reforzado académicamente, para mantener girando la virtuosa y
onerosa rueda.
Otros
parten desde cero, pero con un importante apoyo familiar que motiva el
estudio, logrando ser el primer profesional de la familia. Y al igual
que en un estudio realizado en Dinamarca, la tendencia es que los hijos
de profesionales terminan siendo profesionales, porque la familia es el
ejemplo de tranquilidad económica. No serás rico, pero vivirás cómodo.
Hoy
las ofertas académicas abundan. Busca lo que te gusta, siendo lo
óptimo que genere rentabilidad. Pero si no, lo que dicte tu corazón para
ser feliz, sin perjudicar a nadie.
Todo
lo mencionado hasta aquí es ambición. Si es desmedida y se combina con
flojera, puede tomar un nefasto atajo delictual, como vender droga,
robar una sucursal del Brinks o aceptar coimas de abogados corruptores.
Algunos
delincuentes se justifican con filosofía barata: “se lo merecen” o “si
ellos no lo hacen, otro lo va a hacer igual”. Obtienen dinero a la
mala, para verse exitosos. Similar a las botellas de jugo sucedáneo de
limón que dista mucho de la calidad del original. Es más, este
sucedáneo social viene contaminado de perjuicio y dolor de terceros,
además de ser contagioso: “Si él lo hace, ¿Por qué no puedo hacerlo
yo?”.
Así como
los dealers narco venden dopamina (alegría) artificial a los(as)
jóvenes con su tóxica droga, Hermosilla y Villalobos venden ilusiones a
dos funcionarios públicos (por ahora) del SII y Tesorería General de la
República, corrompiéndolos con dinero. Para concretar sus sueños, ellos
aceptan, y presionando un par de teclas de los vulnerables sistemas
informáticos de sus servicios ganan dinero y se creen “vivarachos”. Los
“vivaldis” son los primeros en caer ante la justicia, perdiendo uno de
ellos una fuente de trabajo seguro que mantenía por 41 años. Son los
primeros en caer, porque son tan pequeños que no tienen nada que
tranzar. Son los tontos útiles de una cadena de corrupción.
El
pasto del vecino siempre va a ser el más bonito. Es una percepción
natural de todo ser humano. Incluso el que tiene más puede envidiar al
más vulnerable: una vida simple sin mayores preocupaciones, una bella
pareja o hijos(as) ejemplares. Formemos a los hijos(as) para ser
ambiciosos aprovechando sus potenciales, y obtendrán lo que se merecen y
no siempre lo que desean, pero serán felices porque dieron todo en la
vida. Evitemos que sean el “pato de la boda” por tomar atajos que
irremediablemente hipotecan la felicidad de toda la familia.