Las
condiciones que actualmente impone el verano y el concepto asociado de
vacaciones, nos lleva de la mano a los globales y humanos anhelos de
descanso, relajación, libertad y esparcimiento, alejándonos con ello de
la fuerte y negativa carga que impuso un año marcado por la Pandemia y
las pesadas incertidumbres sociales y financieras. Aun así y entremedio
de la sana y más que justificada algarabía que provoca el espíritu
veraniego, no dejamos de recibir de tanto en tanto, las notas de fondo
que provoca la pesada realidad que no sabe de vacaciones, y que nos
hablan, más bien nos recuerdan, de algunas deudas colectivas pendientes
con el medio ambiente o de algunas decisiones inconclusas respecto de
las desigualdades de todo tipo que aun forman parte del colectivo
societario. Después de estar subyugados todo un año por preguntas y
demandas que, en la mayoría de los casos, no tuvieron respuestas
certeras y creíbles, quizás vale la pena contar con un breve período de
tiempo en el cual podamos diluir nuestras responsabilidades individuales
y colectivas pero que, a su vez, nos estimule a generar algún valor
para el siguiente tiempo que nos espera ineludiblemente a partir de
mañana. Así, en este tiempo de ocio al cual tenemos innegable derecho,
también valdría la pena disponer de toda la natural inquietud humana
para intentar llegar a un pronóstico coherente de las consecuencias que
las tendencias actuales tendrán en el futuro. Por muy personales o
locales que sean ellas, siempre habrá un efecto secundario en la
familia, en el grupo de amigos, en el barrio, en la localidad, en el
país y en el mundo, ya que sabemos que aquí estarán involucrados
aspectos centrales como las aspiraciones laborales de cada uno, el modo
de empleabilidad, un nuevo concepto de trabajo, de comercio, de
productividad, del control de ella y, por supuesto, de la educación y la
salud. Igualmente, seremos muy dependientes de la explosión de la
Inteligencia Artificial y del modelo de predicción global de
sentimientos y deseos individuales derivado del manejo de datos
personales a gran escala. Puede que ello no sea motivo de preocupación
en este verano, ni en el resto del año, pero será la tendencia en un
mundo globalizado, en donde la condición de local genera cada vez más
señales de penuria y de degradación social; y esos son síntomas que
debería preocuparnos aún en épocas de vacaciones. Como señala Z. Bauman,
ser “locales” es un trance que no resulta agradable ni soportable en un
mundo en el que los “globales” dan el tono e imponen las reglas del
juego de la vida. Por tanto, es un tema que debería estar dentro de
nuestras preguntas o inquietudes cotidianas a menos que, claro está, el
mantener una cierta capacidad de diálogo frente a la modernidad
globalizadora y sus consecuencias progresivas en la realidad social que
vamos a enfrentar, no esté dentro de nuestro actual panorama de vida.
Sin embargo, las crecientes demostraciones de crisis ambiental, social y
sanitaria a las que estamos sometidos sin interrupciones, deberían
conducir a cuestionar las preguntas evidentemente incuestionables acerca
de nuestro modo de vida, como un servicio urgente que debemos a
nuestros congéneres y a nosotros mismos. Para ello se requiere, como
señalara el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, de un enorme
esfuerzo para construir una ética de la vida, que involucre a todos los
seres humanos en la preservación de la dignidad humana y del planeta que
nos cobija.