Vergüenza nacional… No entendieron nada…

Confieso
que me gusta cocinar, agasajar a amigos, familia, conocidos. Soy, por
supuesto, un aficionado y algunos se sorprenden cuando me ven revisando
uno que otro programa o recetas culinarias. Encuentro que la cocina es
un lugar (como para tantos y tantos magallánicos)

de primerísima importancia para nuestras vidas y somos muchos los que
ocupamos más ese espacio para recibir nuestras visitas que la frialdad o
seriedad de un living. Pero
cuando se
instaló el concepto de cocina política (con todo su significado
aberrante), pensé que era un discurso instalado por los medios, pero al
poco andar se entendió realmente cuál era el verdadero sentido de la
“cocina política”. Vergonzoso cómo se reúnen
, no para preparar alimentos, sino para repartirse el plato del poder (ministerios, intendencias, gobernaciones,
seremis, servicios públicos). Vergonzoso ver cómo unos pocos con sus
cuotas de poder absolutamente efímeras se alzan ahora como unos expertos
“master chef”
;
no sabían cocinar ni un huevo, pero aprendieron y empezaron a
repartirse entradas, plato principal, guarniciones y hasta el postre.
Los que se llenaron la boca con palabras como unidad, proyecto
colectivo, representatividad y “superar sus legítimas diferencias en
favor de la ciudadanía”, se atoraron al primer bocado, se atragantaron
con el aperitivo y se fue
ron
a la cresta la “camaradería”, el “compañerismo” y mandaron a la punta
del cerro a sus socios. Como buenos cocineros, planificaron bien la
mesa, decidieron quiénes se iban a sentar y quiénes simplemente no
serían invitados, pusieron como requisito vestirse de probidad, de
integridad y de consecuencia (esto último un chiste)
, y a quien osase no vestir las prendas que ellos ostentan, les aplicaron el
concepto de “nos reservamos el derecho de admisión”, y los excompañeros,
camaradas, socios políticos, vieron con espanto cómo sus antiguos
aliados, sus compañeros de lista, de primarias, de coalición, les
mandaron soberano portazo: ustedes no pueden comer ni ingresar porque no
traen corbata, porque traen al amigo indeseable (ahora indeseable,
antes no), no cumplen con los estándares de probidad y son una mala
imagen para nuestra cocina. De un día para otro descubrieron (como
epifanía, aparición milagrosa)
que sus otrora partidarios no vestían como ellos y no conocían ni por las tapas el Manual de Carreño; entonces, para afuera… ¿Qué
estarán comiendo ahora los que fueron juntos en primarias aquí en la
región y vieron cómo los cocineros son expulsados por los aprendices?
¿Qué dicen ahora de sus fotos en conjunto, de sus apariciones en bloque,
de los abrazos y compromisos, de los apretones de mano? ¿Dónde quedaron
los acuerdos y las buenas intenciones? ¿Dónde van a comer
ahora?… Una
vergüenza cómo se desdicen, cómo se justifican, cómo ahora vuelven a
escupir las mejillas que antes besaban, una vergüenza y un descaro que
creíamos se había
n
desterrado de nuestra política, pero nos olvidamos que cuando se trata
de obtener el poder no hay consecuencia que valga ni discurso que se
sostenga. Aqu
ellos
que decían que eran honestos, transparentes, probos a toda prueba, no
tuvieron asco alguno de clavar el cuchillo por la espalda
;
los nuevos traidores que, obviamente, se están justificando porque lo
hacen por el bien de Chile. Me aterran estos nuevos cocineros que no
tienen asco en venderte charqui por filete, que no tienen asco en
sentarse en la mesa con sus rivales para después indigestarlos con un
postre, me asustan estos nuevos cocineros que proclaman la unidad y la
probidad y no tienen asco en vender a sus socios por el apetito pasajero
que les otorgó una elección. Hace tiempo les vengo diciendo: no nos
merecemos estas bajezas ni estos políticos sin consecuencia ni
principios. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D: menos para estos sinvergüenzas que instalaron las mismas cocinas de siempre.

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