Viña del Mar la Ciudad Jardín

El incendio desatado el pasado viernes en la ciudad de Viña del Mar ha provocado la pérdida de más de un centenar de personas, un número indefinido de mascotas, miles de hogares y todo tipo de infraestructura, junto a miles de hectáreas de áreas verdes. Una pérdida patrimonial que afecta en lo más profundo los sentimientos, sobrevivencia e identidad de los viñamarinos, ya que se han quemado las viviendas, los lugares de trabajo y espacios naturales característicos. 

Recordemos que Viña del Mar es conocida como la Ciudad Jardín porque ha logrado armonizar su desarrollo urbano junto a cientos de espacios naturales, con matorrales, bosques esclerófilos y palmares, a los cuales se suman grandes extensiones de jardines creados hace más de un siglo. Quizás por ello los viñamarinos poseen una fuerte identidad y cultura en torno a estos espacios naturales, lo que facilita su generación y preservación. Lamentablemente uno de los espacios naturales que ha sido fuertemente afectado por el incendio es el Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar, un área verde con fines de conservación, pero que es parte del patrimonio cultural de la ciudad y al mismo tiempo fundamental en la identidad de los viñamarinos.

El Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar es un área verde de casi 400 há dedicadas a la Educación, Conservación, Investigación y Recreación, las cuales han sido prácticamente todas siniestradas. Seguramente han sido varias las generaciones de viñamarinos que han paseado y aprendido de las especies vegetales de Chile en el interior de sus espacios. El jardín albergaba más de mil especies de plantas entre las cuales se cultivaban casi 800 especies de plantas nativas, muchas de ellas en distintos estados de peligro de conservación. Destacaban los ejemplares de Toromiro (Sophora toromiro), especie de isla de Pascua, actualmente extinta en su hábitat natural, pero que el Jardín Botánico mantenía un centenar de ejemplares. De igual forma, se mantenían y reproducían ejemplares de Abutiloncillo (Tarasa umbellata), arbusto endémico de la región del Maule, actualmente en peligro crítico de extinción. Junto a ellas además había colecciones de plantas nativas de cactus, plantas que se reproducen por bulbos o rizomas, plantas de territorios insulares, plantas del sur de Chile y plantas propias del bosque esclerófilo (anualmente amenazado por incendios).  La pérdida patrimonial es irreparable para la conservación de la biodiversidad nacional.

Los incendios anualmente amenazan y generan pérdidas cuantiosas a nuestro patrimonio natural. Especies de flora y fauna son víctimas permanentes de quemas, principalmente intencionales, afectando miles de individuos y reduciendo dramáticamente sus ecosistemas. Hoy lamentamos Viña del Mar, años atrás la zona centro-sur y hace casi una década Torres del Paine por citar algunos siniestros. Los incendios forestales y las superficies siniestradas han aumentado exponencialmente en los últimos 50 años, y de igual forma ha crecido el daño sobre la biodiversidad de la flora y fauna nativa. Lo peor es que el cambio climático nos seguirá generando condiciones para este tipo de catástrofes y los incendios forestales o de pastizales serán más recurrentes año tras año en términos de probabilidades. Pero sólo las condiciones, el detonante siempre es otro.

Todo daño requiere reparación. La nueva ley de Biodiversidad tiene por objeto la conservación de la diversidad biológica y la protección del patrimonio natural del país, a través de la preservación, restauración y uso sustentable de genes, especies y ecosistemas. Ello implica desarrollar planes y programas para la conservación in situ y ex situ (bancos de germoplasmas, depósitos de colecciones, jardines botánicos y áreas protegidas). También significa procurar los fondos necesarios para la prevención y combate de incendios forestales, con el objetivo de resguardar la diversidad biológica. Pero ello no basta, ya que la mayor parte de los incendios ocultan intencionalidad muchas veces asociada a intereses en el cambio de uso de suelo. Es hora que las diversas iniciativas legales que duermen en el Congreso y que buscan prohibir el cambio de uso de suelos siniestrados tengan urgencia en su tramitación. Se debe descartar que la tragedia sea una buena oportunidad de negocio para algunos.

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