Las
regiones australes del país, Aysén y Magallanes, han liderado el triste
ránking de violencia intrafamiliar, también conocida como VIF. Esto se
ha visto gravado en el último tiempo por la pandemia del Coronavirus,
donde el confinamiento se ha impuesto como justificativo para tal
ilícito. Las notas policiales respecto de esto lamentablemente son una
constante.
Esto es un flagelo que afecta a toda la sociedad. Es una
situación de abuso de poder o maltrato, físico o síquico, de un miembro
de una familia sobre otro. En el caso del físico, implica actos que
atentan o agreden el cuerpo de la víctima, tales como empujones,
bofetadas, golpes de puños, golpes de pies; mientras que el síquico
comprende actitudes que tienen por objeto causar temor, intimidar, y
controlar las conductas, sentimientos y pensamientos de la persona a
quien se está agrediendo, como las descalificaciones e insultos.
Según
cifras oficiales, anualmente Magallanes presenta más de 800 denuncias y
los detenidos por estos hechos superan los 300 al año. Existe también un
estudio que indica que las mayores denuncias por VIF en Magallanes se
realizan en los estratos socioeconómicos más bajos, pero se ha
constatado que esa cifra esconde una realidad: en los segmentos más
altos se oculta por el constante temor de la mujer. Causas para la
violencia pueden haber muchas, pero todo pasa por la poca tolerancia que
hoy existe. ¿Qué está pasando? Falta de cariño y comprensión al
interior de la casa y en eso la solución sólo viene a puertas cerradas.
La Región de Magallanes y Antártica Chilena debe salir luego de estos
vergonzosos rankings.