Violencia en la era digital: Un desafío estructural

La
violencia, en todas sus formas, es una manifestación de estructuras de
poder y dominación profundamente arraigadas en nuestra sociedad. Al ser
estructural, la violencia se adapta y muta junto con la evolución de
nuestras formas de interacción y comunicación. Esto se debe a que las
estructuras subyacentes de desigualdad y opresión que fomentan la
violencia no desaparecen con el cambio de contexto: simplemente
encuentran nuevas formas de manifestarse.

En
el pasado, la violencia contra las mujeres se manifestaba
predominantemente en espacios físicos. Con la aparición de nuevas
tecnologías y plataformas digitales, hemos visto cómo esta violencia ha
encontrado un nuevo medio para proliferar. El ciberacoso, la difusión no
consentida de contenido íntimo, la creación de perfiles falsos y el
hostigamiento en línea son solo algunas de las formas en las que la
violencia se ha adaptado al entorno digital.

Esta
capacidad de mutación es intrínseca a la naturaleza de la violencia
estructural. La violencia es una herramienta de control y poder, y
aquellos que la ejercen encontrarán siempre maneras de perpetuarla,
independientemente del medio. En este sentido, la violencia es como un
virus: cambia y se adapta para sobrevivir en nuevos ambientes.

Esta
reflexión nos lleva a una comprensión más profunda de la necesidad de
abordar las raíces estructurales de la violencia. No basta con combatir
sus manifestaciones más visibles; debemos trabajar para desmantelar las
estructuras de desigualdad y opresión que la sustentan. Esto implica un
cambio cultural profundo, una revisión de nuestras leyes y políticas, y
una educación que promueva la igualdad y el respeto desde una edad
temprana.

En
el contexto digital, esto significa también que las plataformas
tecnológicas y las redes sociales tienen una responsabilidad
significativa. Deben implementar políticas más estrictas contra el acoso
y la violencia, así como mecanismos efectivos para la protección de las
víctimas. Además, la sociedad en su conjunto debe estar consciente de
estas nuevas formas de violencia y ser proactiva en su prevención y
erradicación, porque en última instancia, la lucha contra la violencia
estructural en cualquiera de sus formas ya sea física o digital, es una
lucha por la justicia y la igualdad.

Es
un desafío que requiere un esfuerzo colectivo y sostenido, y un
compromiso inquebrantable con la dignidad y los derechos de todas las
personas y en esa línea, como Ministerio de la Mujer y la Equidad de
Género patrocinamos el Proyecto de Ley de Violencia Digital (Boletín
N°13928-07) que busca llenar un vacío legal, abordando la violencia que
ha surgido en el entorno digital y afectando de manera desproporcionada a
mujeres y jóvenes en nuestro país, la cual está además inserta en la
agenda priorizada de seguridad acordada por el Ejecutivo y presidentes
de ambas Cámaras en mayo de 2024.

Esperamos
que este proyecto que tipifica y sanciona la violencia digital -que hoy
se encuentra en la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y
Reglamento para su estudio y análisis-sea un avance sustantivo para
abordar desde todos los ámbitos la violencia estructural que afecta a
las mujeres.

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