Un
86,8% de los profesores declaró haber sido insultado en el ejercicio de
su profesión, en tanto, que un 10,9% aseguró haber sido víctima de
violencia física, un 25,5% declaró haber recibido amenazas, en tanto que
un 6,2% dijo haber sido intimidado a través de redes sociales. Estas
son algunas cifras que forman parte de los resultados obtenidos del
sondeo docentes ante las violencias en las escuela desarrollado por el
departamento de Educación y Perfeccionamiento del Colegio de Profesores,
en el que participaron más de 4 mil profesores a lo largo de Chile
durante octubre y diciembre de 2022 y, que alza una bandera roja
respecto a la violencia a la que se exponen los(as) docentes en la
convivencia escolar.
Otra
cifra que enciende las alarmas es que el 3% de los docentes reconoce
haber sido víctima de violencia sexual, siendo las mujeres las que más
padecen de este tipo de violencia. Además, se revela que en el rango de
profesores que son mayor objeto de agresiones se encuentran: profesores
jefe (54,39%), le siguen los que trabajan en programa PIE (9,97%),
coordinadores académicos (5,67%), jefe de UTP (1,77%) e inspector
general (1,75%).
La pregunta que uno se realiza es ¿Qué es lo que está pasando en las aulas en Chile?
La
violencia está presente desde hace muchísimos años en las escuelas
chilenas. En 2017, un estudio realizado por Ciper, reveló que el 63% de
los 745 estudiantes expulsados ese año, habría sido por violencia entre
pares y hacia docentes. Por otro lado, en 2012, Fundación Paz ciudadana
publicó un estudio donde se encontró que el 61% de los estudiantes en
contexto vulnerados habrían presenciado actos de violencia en sus
escuelas.
Algunos
especialistas han expresado que la pandemia y el confinamiento por
Covid-19 vinieron a acrecentar esta crisis y a mostrarnos que un
ambiente de incertidumbre y estrés sostenido en los hogares, en la
escuela y en las instituciones (iglesia, municipalidades, hospitales,
etc), son un caldo de cultivo para la desregulación emocional,
incrementando las agresiones y anulando la capacidad del sistema
educativo para sostener el aprendizaje cognitivo e integral.
Esta
crisis educativa, se arrastrada desde hace muchos años y hoy más que
nunca nos da la oportunidad de construir bases sólidas para el sistema
educativo que soñamos, pero antes, es imperioso ponernos de acuerdo y
pensar en ¿qué queremos para nuestros hijos? ¿Qué quieren ellos? ¿Qué
necesita Chile, ciudadanos plenos y felices o solo máquinas productivas
de trabajo?
Hoy
como sociedad tenemos la obligación de terminar con la violencia en los
establecimientos educacionales, darles a entender a nuestros hijos el
respeto que se debe tener por quienes nos enseñan y estar atentos
siempre a los actos de violencia y condenarlos por sobre todas las
cosas.