Violencia en los estadios

En diciembre de 2001, el país se conmocionó ante las imágenes del acuchillamiento entre barristas de Colo-Colo. Luego, en 2004, en presencia del Presidente Eduardo Frei, integrantes de la llamada “Garra Blanca” quemaron los tablones de la gradería norte del Estadio Nacional. Frente a cada evento se anunciaron modificaciones legales, endurecimiento de medidas, cambio de actitud de dirigentes, de la ANFP, de los clubes deportivos… y aquí estamos. Veinte años más tarde, las autoridades, leyes, mandos policiales y protagonistas de los delitos han cambiado, pero las consecuencias siguen siendo las mismas. La quema del memorial de los detenidos desaparecidos y las butacas del Estadio Nacional a manos de delincuentes denotan que no hemos avanzado lo suficiente en garantizar la seguridad en los recintos deportivos.

¿Dónde fallamos? Probablemente en varios aspectos. El inicial, a mi entender, está en la frivolidad para enfrentar este verdadero flagelo criminal de parte de autoridades y dirigentes deportivos. Se reduce un fenómeno delictual llamando “incidentes” a delitos; humanizando a sus autores denominándolos “hinchas” y no delincuentes, y se justifican los delitos en razón de la “pasión”.

 Chile necesita asumir que estamos frente a una realidad criminal mucho más profunda que tocar un bombo en un estadio. Al hincha hay que defenderlo, al delincuente condenarlo. Para ello se requiere de sistemas de información y análisis que permitan distinguir entre unos y otros. En algunos casos se trata de organizaciones que, de hecho, operan más allá del estadio. Por ello, cualquier estrategia supone autoridades y funcionarios que comprendan la profundidad del fenómeno.

Hoy el Estado debe actuar, hoy existe una ley que asegura o que debiese asegurar que estos hechos no ocurran pero si las autoridades no se coordinan o si simplemente no se cumple la ley estos hechos seguirán ocurriendo.

En Chile podríamos detallar numerosas fallas, pero la principal es nuestro “not-sistema de seguridad”, que implica que cada institución hace esfuerzos que no están adecuadamente coordinados ni evaluados en función de resultados. Algunos aspectos a corregir podrían ser la falta de especialización; el anonimato en la compra de tickets, la falta de sistemas de reconocimiento facial en estadios; sistemas de televigilancia…

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