Visita del Papa Francisco: a cuidar la casa común

 Es una gran y hermosa noticia. Será un momento significativo para el país y las regiones que visitará: Tarapacá (Iquique) y Araucanía (Temuco). Esta visita será la segunda de un Papa a Chile, luego de aquella histórica de Juan Pablo II, hace más de 30 años.

Es significativa porque se trata del primer Papa latinoamericano, porque además de su natal Argentina, Francisco vivió y estudió en Chile, por lo que conoce muy de cerca nuestra realidad. Su visita se concentra en los últimos meses de gestión de la Presidenta, en un contexto político y social muy distinto al que conoció el Papa Juan Pablo II.

Esta noticia además es hermosa porque permitirá reconocer nuestros avances en materia de reducción de la pobreza y equidad social, podrá observar nuestros desafíos en una sociedad en permanente cambio, pero quizás lo mas significativo será su mensaje. Y por ello no es casual que visite la región de La Araucanía, donde se hace carne su mensaje vertido en la Encíclica Laudato Si’, inspirada en las palabras de Francisco de Asís, que en su cántico nos recordaba que nuestra casa común, la tierra, es también una hermana, con la cual compartimos nuestra existencia.

Esta encíclica, frente a este mundo loco y confuso, nos propone reconocer la naturaleza como un libro en el cual Dios nos habla y nos plantea el desafío urgente de proteger nuestra casa común, preocuparnos de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. Nos conmina a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta, sobre la angustiante contaminación, el cambio climático, la perdida de la biodiversidad, el futuro de nuestra riqueza el agua, entre otras realidades.

En esta línea, reconoce a nuestros pueblos originarios con sus tradiciones culturales, señalando que no son una simple minoría, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Recuerda que para ellos, la tierra no es un bien económico, sino un don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores.

Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura. Por todo esto, su visita es una gran noticia y la gran oportunidad de mirarnos al espejo y evaluar si estamos cuidando nuestra casa común, o mas bien la estamos permanentemente degradando y destruyendo. Se tratará entonces, de un llamado a la conciencia sobre el legado que estamos construyendo para nuestra generaciones futuras.

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