¿Cómo
una pandemia en un par de meses pudo propagarse tan rápidamente por
todo el mundo? Jamás lo hubiéramos pensado. Y quizás veíamos hasta
lejanos aquellos cuentos sobre la Influenza de 1957 que nos relataban
añosamente nuestros padres y abuelos. Pero aquí estamos, en medio del
Coronavirus, que incluso en el verano -en plenas vacaciones- veíamos tan
lejanas aquellas noticias que en ese entonces solo venían desde Asia.
Hoy esto nos tiene encerrados. Hasta mediados de marzo la enfermedad
avanzaba como se esperaba, pero acá en la Región de Magallanes y
Antártica Chilena ya podemos decir que se expandió. Rápida y
peligrosamente. Ya conocemos casos cercanos. Ya está afectando a
personas que interactúan con nosotros. Ellos nos narran cómo se han
desvanecido. Cómo tienen problemas para respirar y algunos nos dicen que
hasta les ha venido una taquicardia fuerte que terminó con vómitos.
Otros presentan una alta fiebre que no para. Y algunos ya están
internados e incomunicados. Ocurrirá más temprano que tarde también que
se nos empiecen a cruzar casos de pacientes críticos, con focos de
neumonía y con condiciones que empeoran a cada instante. Hoy muchos
magallánicos como usted o como yo, que hasta hace unas semanas hacían
una vida completamente normal están internados, dejando a familiares con
una angustia terrible. Lo peor es no saber qué va a pasar, si tus
pulmones van a soportar o no. Y allí están también los equipos médicos
visitando a los pacientes tres veces al día. Los verdaderos de la
primera línea. En la edición de ayer les presentamos algunas narraciones
de quienes describen lo que se siente vivir al borde de…. Porque es
tan errático esto, que no se sabe cómo va a reaccionar ese otro
organismo al que también se contagia. Porque muchos de los que poseen el
virus no entienden también que llevarlo consigo es como andar con una
pistola en la mano. Aquí hay un tema de responsabilidad general que
después de esto nos entregará muchas lecciones de vida. Por eso algunos
también salen todos los días a las 21.00 horas. Porque acá lo que más se
agradece es poder volver a vivir. Por eso el encierro junto a la
familia no es nada e incluso se debiera disfrutar.