Suelo
dedicar parte de mi tiempo a la lectura de la prensa internacional,
principalmente la europea, y no sorprenderé al decir que, en general, se
menciona poco a nuestro país. Solo a veces, circunstancias de
excepción, logran darnos alguna visibilidad en el primer mundo. En las
últimas décadas, se ha escrito, principalmente, de los terremotos, sobre
Allende, Neruda, la crueldad del golpe del 73, la intervención de la
CIA, el retorno a la democracia… Por cierto, algunos célebres
intelectuales como Donoso, Rojas, Bolaño, Parra, Edward, Mata, Guzmán,
Borja-Huidobro, han contribuido a darnos una respetuosa notoriedad en
ciertos círculos. Habría que agregar que la prensa especializada, ha
venido mencionando por años nuestro modelo de desarrollo y sus índices
exitosos: ordenamiento económico e institucional, desarrollo humano,
PIB, educación, productividad, confianza, esperanza de vida, reducción
de la pobreza, apertura comercial, todos a la cabeza de América latina.
Como también los desaciertos inherentes a ese mismo modelo:
desigualdades profundas, marginación social, consumismo, depredación de
recursos naturales, inequidad y descontento de amplios sectores.
En
este último tiempo, sin embargo, Chile ha estado en el tapete de los
medios de comunicación mundiales. Primero, se valoró la salida política a
la crisis social de fines del 2019, la que tenía en vilo a un
desgastado gobierno, y desprestigiado al Presidente de entonces. Se
subrayó la forma y características de la nueva Asamblea Constituyente,
con su paridad, cupos reservados y contestación al establishment de
muchos de sus representantes. Luego se analizó ampliamente el proceso
electoral y el triunfo de un candidato joven, proveniente de una
izquierda radicalmente diferente a la que había gobernado anteriormente,
con un programa de cambios estructurales profundos. Tanto exacerbó la
prensa las posibilidades de reformas y la radicalidad de éstas, que daba
la impresión que los observadores se quedaban exclusivamente con el
candidato de la primera vuelta, sin destacar la evolución de su posición
en la segunda, y su apertura a la vieja izquierda, la misma que él y su
sector combatieron por años. Se destacó al triunfador joven, con
capacidad para aglutinar sectores, y poco al político racional, que en
su aspiración por alcanzar mayorías de gobierno, adoptaba un
“comportamiento que hace pasar a segundo plano las consideraciones
doctrinarias, de principio o de moral”; o sea, su ingreso a lo que
conocemos como la Realpolitik. No faltó algún titular que hasta lo
comparó con Allende y se le miró desde amplios sectores con la simpatía
de la justa revancha que abriría las grandes alamedas. Se enfatizó
incluso en el papel de laboratorio sociopolítico de nuestro país en
Occidente: la vía chilena al socialismo, el modelo ultra liberal de los
Chicago boys, el retorno negociado a la democracia, las protestas
estudiantiles, la emergencia de minorías de género, paridades, y varios
etcéteras.
Debo
destacar, sin embargo, que en las últimas semanas, estos mismos
analistas se han mostrado sorprendidos con la rapidez con que se le
terminó el “estado de gracia” al Presidente (luna de miel, dicen
algunos); período éste de adhesión ciudadana que acompaña toda elección.
Las dificultades económicas, la violencia en ciudades, y
particularmente en la Araucanía, sumadas a los errores de sus primeros
meses —incluyendo controversiales nominaciones e indecisiones— la
incapacidad de lograr posicionar una agenda política hasta hoy, han
venido a dañar la imagen y proyección del Presidente —comentan. Agregan
que Gabriel Boric se encuentra confrontado a fuertes tensiones, producto
de contradicciones de fondo dentro de su propia coalición de gobierno, y
que se ha amarrado en demasía al resultado del plebiscito
constitucional de septiembre, comprometiendo en alguna medida el éxito
de su gestión y hasta su propio devenir, a lo que hoy, según todas las
encuestas, aparece como una improbable aprobación de la nueva Carta
Magna. La presencia aseguradora del Ministro Marcel, no lograría
compensar la falta de coordinación y desaciertos de otros importantes
ministerios. Un esfuerzo para ordenar la casa, imponer una agenda
política y adoptar conductas inequívocas y coordinadas, podría ayudar al
Presidente a sortear una situación que se vislumbra complicada. Eso
dicen algunos observadores. Son voces exteriores.