Votar: un derecho y una obligación

Si
usted está leyendo esta columna y aún no ha ido a votar, todavía está a
tiempo de hacerlo y, más allá de que el voto sea voluntario, creo que
todos y todas tenemos la obligación moral de hacerlo, sobre todo si
tenemos en cuenta que al final de esta jornada empieza el proceso de
transformación política más importante en varias décadas, donde se
fijará el rumbo que seguirá nuestro país de aquí en adelante. No es poca
cosa.

En
efecto, hoy domingo 16 de mayo es la segunda jornada de votación en la
que ha sido definida como la madre de todas las elecciones, no solo
porque en el mismo proceso se vota en cuatro categorías (gobernadores,
alcaldes, concejales y constituyentes), sino que especialmente porque se
elegirá a quienes tendrán la histórica tarea de redactar la nueva
constitución, elemento central de cualquier democracia y un anhelo
mayoritariamente sentido por la ciudadanía que nos permitió encauzar el
malestar social expresado a partir del 18 de octubre de 2019.

Más
allá de las posiciones políticas de cada uno, es evidente que la
sociedad en su conjunto ha entendido que hay ciertos temas estructurales
que simplemente ya no dan para más y deben ser modificados para
construir una sociedad más justa e igualitaria. Si bien se trata de
conceptos que en este contexto pueden ser interpretables según el
criterio personal de cada uno, existe consenso en que hay ciertas
barreras que impiden que cualquiera pueda alcanzar su máximo potencial
sin que esto esté determinado por su lugar de nacimiento, su origen
étnico o el colegio donde estudio, por poner solo algunos ejemplos. Lo
que popularmente se conoce como “emparejar la cancha”.

Para quienes de verdad creemos en la independencia
de las regiones esta elección también tiene una relevancia especial
pues, por primera vez en nuestra historia, elegiremos a nuestros
representantes en la figura de los gobernadores regionales, que pone fin
a las designaciones a dedo desde Santiago por el gobierno de turno. Se
abre, de esta manera, una nueva etapa en que las y los habitantes de
regiones podrán decidir de manera autónoma sobre ciertos proyectos o
urgencias que consideren relevantes para sus propias realidades. Es un
cambio significativo del cual usted tampoco debiera restarse.

Desde
hace mucho tiempo he venido diciendo en diversas entrevistas y
discursos, también en esta tribuna, que los desafíos que nos impone el
Siglo XXI ya no responden a la lógica de izquierda o derecha, sino más
bien a quienes propongan miradas de futuro en vez de las recetas
fracasadas del pasado. Nuestro país no puede seguir entrampado en
discusiones ideológicas dogmátic
as que nos pongan una camisa de fuerza que nos limiten la flexibilidad que estos tiempos demandan para seguir desarrollándonos.

Ese
camino empieza a dibujarse ahora, hoy mismo. Si usted quiere que su voz
en este cambio trascendental que estamos por emprender sea escuchada,
tiene la obligación de ir a votar. Chile tiene hoy una cita
con
la historia, tenemos todo para convertirnos en un mejor país para todas
y todos si logramos ponernos de acuerdo en cómo lo haremos. Sea parte
de la historia, quejarse después no sirve de nada.

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