A
partir del 31 de enero del 2012 se instauró la inscripción automática
en los registros electorales, pero con la voluntariedad del voto en
elecciones y plebiscitos. Y desde el 04 de enero del 2023 se volvió al
voto obligatorio, lo que permanece hasta hoy en día.
La
izquierda nos dice ahora que el voto debe seguir siendo obligatorio,
pero sin multas para quien no concurra a votar. Desde siempre hemos
escuchado a la izquierda abogando por el voto obligatorio,
fundamentándolo en el compromiso con la democracia. Resulta que ahora,
la izquierda dice que multar a la gente por no sufragar, deriva en un
castigo a los pobres. Es decir, quiere establecer el voto obligatorio,
pero sin sanción para el caso de no votar. El Diputado Winter del Frente
Amplio quiso defender a los pobres diciendo que sancionar por no votar
es anti pobre. En realidad es que la inflación en este Gobierno es una
política anti pobre. El desempleo, es una política anti pobre. La
inseguridad y violencia en las calles, es una política anti pobre. El
asesinato de niños casi a diario en el país, es una política anti pobre.
El robo hecho por fundaciones ligadas a este Gobierno, es anti pobre.
Todos estos flagelos golpean directamente a los sectores más pobres del
país, que no tienen los medios económicos para defenderse de los altos
precios, de la violencia, el desempleo o los asesinatos. Por eso ese
sector se ha ido alejando de los partidos de izquierda; hoy les votan
menos que antes. La idea es entonces alejar a dichos votantes de las
urnas y quedarse sólo con su clientela electoral, compuesta por personas
ideologizadas y dispuestas a votar por ellos aunque al país lo dejen en
ruinas.
La
Cámara de Diputados aprobó un proyecto impulsado por parlamentarios de
izquierda para que se elimine la multa por no sufragar, en tanto el
Senado lo rechazó y quiso reponer el voto obligatorio. Finalmente quedó
la eximición de la multa por no votar. Es decir, se debiera volver en la
práctica, al voto voluntario. Es justo decir hasta ahora, que el
Gobierno está por su obligatoriedad, pero siempre con letra chica: multa
sólo para los ciudadanos chilenos, excluyendo a extranjeros que estando
en obligación de votar, no lo hagan. Finalmente, el Presidente dijo que
enviará un veto al proyecto de ley aprobado, para que se mantenga la
multa por no votar, aunque disminuyendo el monto de esta.
Este
enredo a sólo tres meses de las elecciones, fue urdido por la izquierda
por el temor fundado que con voto obligatorio, las personas no voten
por sus candidatos. El cientista político de la Universidad de Talca,
Mauricio Morales, en entrevista aparecida el día 05 de julio recién
pasado en el periódico digital El Líbero, señaló: “es muy probable que
algunos partidos hayan intentado volver al voto voluntario tomando en
cuenta la cantidad de incumbentes que se presentan a la reelección. Esos
incumbentes manejan clientelas de votantes, las que son mucho más
incidentes en el resultado final cuando vota poca gente. En cambio, si
el voto es obligatorio y sufraga cerca del 80%, el efecto de esa
movilización clientelar se reduce significativamente” (sic).
Este
es un hecho de máxima gravedad para la democracia, pues a sólo tres
meses de los comicios de octubre próximo, la izquierda ha cambiado las
reglas en algo sustancial como es la participación de los votantes. Se
permite impúdicamente jugar con los ciudadanos. Como se puede apreciar,
el pánico comenzó a cundir en las huestes de izquierda, que ven cómo los
electores pobres (el pueblo), pueden darle la espalda a sus opciones.