Vuelta a clases, un trabajo de todos

“El
todo es más que la suma de las partes”. Esta máxima aristotélica se
considera uno de los puntos fundamentales de la teoría general de
sistemas, la que lleva este concepto más allá y señala que la
perturbación en una de las componentes que afecta a todas las demás. El
eco-sistema en el que vivimos es un ejemplo de cómo cada perturbación
que sufre nos afecta. No existimos separados de cada árbol que hemos
perdido este verano por incendios forestales.

En
la misma línea, otro sistema emerge con fuerza en estos días: el
educacional. Los niños, niñas y adolescentes (NNA) que inician este
nuevo año escolar se desarrollan en un sistema en el que interactúan
maestros, gobiernos, padres, madres, cuidadores y la comunidad que los
rodea. Visto así, se nos hace obvio que todos y todas son partes, pero
es muy fácil que con el devenir del año se nos olviden las múltiples
interrelaciones que se producen en este sistema.

Queremos
un ambiente de aprendizaje en donde la violencia escolar no se lleve
los titulares de los medios, en donde los y las estudiantes no inicien
trayectorias de exclusión escolar, en donde se aprenda la valoración a
todo tipo de diversidad, espacios libres de la dependencia a las drogas y
el alcohol. Lo queremos, no solo porque lo necesitamos para nuestros
NNA, sino porque un ambiente de esta naturaleza afecta a los y las
educadoras, a los y las cuidadores y a la comunidad como un todo.

Ahora,
existen actores relevantes, puntos de apoyo que permiten, como diría
Arquímides, “mover al mundo”. Esos puntos de apoyo somos los adultos del
sistema. ¿Cómo dotamos a los y las educadores de mejores herramientas
para la formación, no solo académica, sino que también socioemocional?
¿Cómo los cuidadores adquirimos los elementos necesarios para que
nuestra parentalidad contribuya a la solución pacífica de los conflictos
y a la disminución de los riesgos a los que se exponen los NNA? Esa
“palanca” es el desafío que debemos asumir, y para ello hay recursos en
nuestro país, pero debemos alejarnos de la improvisación para asumir con
responsabilidad intervenciones que ya estén evaluadas, tanto en sus
efectos inmediatos como sistémicos. De lo contrario, podremos tener
efectos inesperados.

Gilbet
Highet, intelectual escocés y devoto de la educación, dijo en una
oportunidad para referirse a la necesidad de un adecuado ambiente de
aprendizaje: “Las plantas no crecen porque les gritemos; pero el mundo
está lleno de jardineros”. Esta frase es especialmente importante ad
portas del inicio de un nuevo año escolar. Asumamos como adultos ese
maravilloso desafío de preparar el entorno para nuestros NNA, desafío
que en ningún caso es solo de los y las profesores, sino de todos
nosotros.

 

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