Columna Análisis / Nelson Cárcamo Barrera / Profesor
de Estado
De la noche a la mañana nos enteramos que en
la palestra de la discusión, nuestros parlamentarios están plenamente abocados
en definir los mejor para nuestra sociedad en materia de aborto en tres
causales. Y allí agotan largas y
tediosas horas para definir lo que ha de ser la solución a un problema que nos
aqueja desde que el mundo es mundo y en particular, a Chile.
De pronto las calles y arterias de la
capital son invadidas por un bus que se
desplaza para pregonar un slogan contrario a lo que otros grupos y sectores han
hecho por décadas y en perfecta armonía y tranquilidad y sin que nadie haga
demasiado revuelo. Es más, incluso con el beneplácito de las autoridades que en
su afán de simpatizar y prestar su apoyo, no titubean en enarbolar lienzos y
banderas proclives a determinados movimientos.
En materia educativa, las instituciones y
organismos asumen un rol protagónico en materia de salvaguardar y proteger la
calidad de lo que se imparte hoy en día
en los establecimientos y para lo cual entonces, se despliega una reforma
educativa en función de ofrecer gratuidad a la totalidad de la población
escolar. Lo mismo se proyecta para la educación superior. Lo que sin lugar a
dudas al vecino y clases más desposeídas de nuestro país resulta ser un
verdadero adelanto en materia de justicia social. Todo vale cuando se trata de
beneficiar a nuestros hijos.
Pero faltó mayor acuciosidad a la hora de
realizar los cálculos que arrojaría la cifra exacta requerida para concretar
tal sueño. De ahí entonces las explicaciones y las modificaciones al plan
original y obviamente a la rebaja del porcentaje que se tenía proyectado
inicialmente.
Y lo que no podemos soslayar es, comentar lo
que ocurre en materia de postulaciones a matrículas en algún colegio para
nuestros hijos. . . Todo un espectáculo
y en donde la tómbola define el
futuro.
Lo anterior, es una pálida imagen de lo
que nos toca vivir por estos días como
ciudadanos y ciudadanas.
Discusiones y debates que entregan una falsa
sensación de profundidad y masividad, dando la idea que previo a las votaciones
parlamentarias, los temas fueron socializados y debatidos previamente en y con
las comunidades que finalmente serán las afectadas por las decisiones.
Se hace urgente el regreso al diálogo
desprendido de intereses egoístas, sincero y de cara a la ciudadanía.
Lo mismo ocurre con la forma en que la
inversión pública se concreta en obras que deben ir en beneficio real de la
población, considerando sus necesidades. Lamentablemente no siempre se cumple
con esa premisa y se piensa más en el efecto mediático, en la foto y en el
corte de cinta apresurado en año electoral.
Es importante señalar que no alcanza con el
discurso bonito, casi heroico que se lanza a menudo a modo de una suerte de
sacrificio que el dirigente realiza en favor de las personas. Ese discurso debe
estar sustentado sobre bases reales con la proyección real que se podrá
ejecutar en los plazos comprometidos, sino, volvemos a caer en la demagogia
denunciada.