Corría el año 1949. y a
sus 10 años su padrino lo llevó a trabajar como aprendiz al astillero de
Comapa, que más tarde se llamaría Subdepartamento de Ingeniería Naval, y
posteriormente Asmar Magallanes. ¿Derechos del niño? No, solo
supervivencia. Había que ayudar a mantener el hogar. Su padre lo
abandonó a los 3 meses y la vida sería dura.
Pasaron
20 años y terminó sus estudios en el Liceo Nocturno. Buenos recuerdos
de sus profesores: En historia, Jesús Roldán Jaque, que hacía de su
asignatura una verdadera aventura y don Fulvio Molteni quien a través
del castellano (hoy lenguaje) lo indujo por el arte de las letras.
Ingresó a la Universidad Técnica del Estado, pero su vocación se reñía
con las rudas matemáticas, y no pudo continuar.
Su
vida tuvo de dulce y de agraz. Pero a pesar de todo, formó una familia y
tuvo un hijo, a quién entrego su cariñoso cuidado, con todas sus
fortalezas y debilidades. Esto, sin haber pasado por una escuela para
padres, solo inspirado en su naturaleza y lo aprendido a tropezones en
la vida.
Además
de cariño, sus principales enseñanzas fueron: estudia para que puedas
elegir, pensar por ti mismo, sin depender de ideologías. Elige a quien
servir, el estudio te ahorrará lidiar con jefes caprichosos o
ignorantes.
Y
tú como padre ¿Qué promueves en tus hijos? Hoy arrastramos estadísticas
duras. La encuesta CASEN del año 2020 arrojaba que el 31% de los
mayores de 18 años no habían terminado la enseñanza media. En Chile
casi 5 millones de personas, en Magallanes 44.000. ¿Cuántos serán hoy
día? Personas mayores pueden responder al caso descrito, ya que tuvieron
que mantener a la familia, pero existe otro universo de abandono de
funciones paternales que permiten que sus hijos(as) hagan lo que quieran
“para que sean felices”.
Incrementando
el problema, a muchos los dejan bajo la merced de las drogas, ya que ni
siquiera son capaces de aceptar que sus hijos(as) son consumidores,
siendo tan sencillo, en algunos casos, que entren a sus cómodos
automóviles, y sientan el olor a chingue(zorrillo) impregnado en los
asientos. Estos padres ausentes, además de heredar al país una legión de
ignorantes, que ni siquiera tienen motivación autodidacta como lo hemos
visto en gente humilde pero preocupada, les permiten que se atrofien
voluntariamente sus cerebros para que “sean felices” consumiendo droga, o
simplemente no molesten en la casa. Los transforman en esclavos(as) de
mediocres narcotraficantes.
Esto
no tiene sesgo social. De príncipe a paje, desde cocaína a pasta base.
El abandono o inoperancia paterna deja un triste y cruel legado, en su
propia sangre y en el país, que independiente del gobierno de turno,
frena el camino al crecimiento social y económico, ya que nos hemos
transformado en una fábrica de dependientes sociales.
Ya
son 23 años querido padre, que la distancia celestial no me permite
regalarte calcetines con rombo, pero hoy, con mi eterno agradecimiento,
te regalo esta columna. Feliz Dia Juan Canales Lara.