Un
año y medio después del Acuerdo por la Paz al que arribaron los
partidos políticos para frenar el estallido social del mes anterior
tenemos un resultado. Se abrieron las grandes alamedas para dar paso al
hombre libre que se manifestó con la necesidad de sus vidas, de plasmar
en un futuro cercano una historia distinta: las bases para una nueva
forma de sociedad, más solidaria, más comunitaria y procurando alejarse
del individualismo materialista que nos ha corroído desde hace muchos
años y que se ha acrecentado con un modelo pétreo que se nos impuso a
sangre y fuego.
La
voluntad popular se hizo voz en todos los que se atrevieron y
decidieron ir a votar y que son la masa crítica que ha esperado por años
ver realizadas sus aspiraciones. Chile en octubre de 2019 dijo “Basta
de injusticias”, “Basta de discriminaciones”, “Basta de humillaciones”, y
hoy tenemos una Asamblea Constituyente que deberá trabajar para darle
forma a ese nuevo modelo de sociedad. No habrá una sobrerrepresentación
del sector que no coincidió con el clamor de la gente a pesar del exceso
de propaganda y la enorme cobertura de sus medios.
Hoy
estamos frente al inicio de un nuevo y gran desafío: conversar, mostrar
las verdaderas intenciones frente a la comunidad, discutir con apertura
de mente para escuchar, aceptar y ceder en los espacios en que haya que
hacerlo para que el trabajo tenga sentido. La enorme responsabilidad de
los que quedamos en el camino será de aportar y apoyar la voz de los
electos, especialmente de aquellos que representaron públicamente
nuestros propios pensamientos y esperanzas. Estamos dispuestos a
cooperarles y no irnos para la casa.
En
la Asamblea no habrá tiempo para verborreas interminables, donde a los
que les agrada oírse querrán tomarse las palabras y procurar imponer sus
posiciones. El espectro de personas que van a integrar la constituyente
es tan amplio y contundente en sus argumentos que, si no se dispone de
un entendimiento básico para que todos se escuchen, el año pasará
demasiado rápido y numerosas materias no podrán ser tratadas con la
fineza que se requiere.
La
gente votó y el resultado fue más allá del esperable, el que
reflexivamente estimamos que ocurriría. No estuvimos alejados de ello y
estoy cierto de haber contribuido a generar conciencia. Ahora a servir
en las tareas que nos corresponde.
Mis
agradecimientos a todos los que se tomaron el tiempo para firmar y
patrocinar mi candidatura, sabiendo que el proceso era difícil, pero
confiados en que se podría hacer algo distinto. Un agradecimiento a
todos los que me dieron sus likes en las redes sociales, los que
compartieron y creyeron ciegamente en que podríamos hacer la diferencia.
Tal como lo señalamos, sería una candidatura a pulso, austera y
dinámica. El boca a boca fue nuestro principal baluarte. Un
agradecimiento a todos los que, a pesar de los contratiempos que nos
impusieron la pandemia y el mal tiempo, igual fueron hasta sus mesas y
estamparon sus preferencias y que no dudaron ni un minuto sobre nuestros
planteamientos, compromisos y principios de vida. Un agradecimiento a
todos los que, sin conocerme mayormente, igualmente confiaron y
esperaron que sus votos no se pierdan entre tantas listas. Gracias a mi
familia, esposa e hijos que estuvieron presentes en toda la jornada, y
también a mis padres, que desde los cielos han bendecido mi existencia.
Gracias
a los que votaron por creer que se puede reconstruir un país nuevo.
Desde mi experiencia de vida, donde he debido rehacerme varias veces,
puedo confirmar que esto es absolutamente posible, más aun cuando hay
ganas, fuerza y convicción, por más difíciles que sean, por más altas
que se eleven las paredes o por más altas que sean las montañas. Ya
vendrá algún nuevo desafío y sé con quién puedo contar para impulsarme y
quiénes estarán allí para apoyarme. Gracias. Mil gracias.