“Y llegaron los sarracenos y los molieron a palos, que Dios protege a los malos, cuando son más que los buenos”. (Francisco de Quevedo)
El
resultado electoral del fin de semana pasado determinó a no dudarlo, un
triunfo arrollador de la izquierda neomarxista en desmedro de las
fuerzas políticas tradicionales y moderadas, de izquierda y derecha
juntas que no llegaran al tercio de la convención constituyente. Esta
última tiene pues, la capacidad de quórums para establecer cualquier
norma que se les ocurra reñida con valores y derechos fundamentales,
porque para eso están concretando la revolución que iniciaron
abiertamente el 18 de octubre de 2019 pero que, disimuladamente estaban
llevando a cabo hace muchos años. Y en eso consiste precisamente la
revolución, en cambiar todos los paradigmas de una sociedad, su cultura,
sus normas, sus estructuras. Revolución es, precisamente, alteración de
la evolución que es propia de toda nación, en aras de designios
ideológicos que de por si aún no los tiene claro, se trata de hacer de
Chile un Estado títere del globalismo con forma de “Estado social de
derechos”. En pocas palabras, “construir el socialismo” en Chile, de
manera irrevocable. Mantendrían en principio las meras formas de la
democracia liberal, pero con control absoluto de su superestructura
política, la que se da en llamar por eso “democracia iliberal”. Quizás
suena mejor que “democracia popular”. Y hacia allá vamos, decididamente,
porque simplemente no existe la fuerza política que pueda parar a este
verdadero suicidio chileno. Después de casi 48 años, “se abrieron las
amplias alamedas” que preconizó Allende en sus últimas horas.
Por más de tres años, persistentemente estuve previniendo sobre lo que se estaba construyendo en nuestro país bajo las narices
de una “centroderecha” de impresionante mediocridad e incultura pero
sobre todo, cobarde, avestruces que entierran la cabeza ante lo que les
incomoda. Y seguirán haciéndolo. El tema cultural es demasiado para
ellos, que han mantenido cautivo a vastos sectores de patriotas y
nacionalistas a quienes les han impedido levantar líderes y
alternativas. Jamás comprendieron lo que dijo Gramsci, ni siquiera tengo
claro sepa el promedio de esos “centroderechistas”, quien era Antonio
Gramsci y su discurso. La decisión política es producto de la cultura.
Interviniendo y manipulando la cultura en todas sus manifestaciones, las
huestes revolucionarias obtendrían la hegemonía cultural. Y de ahí, a
la toma del poder no por las armas sino por el voto. Hoy las expresiones
revolucionarias neomarxistas se apoderaron de casi todas las
instituciones y dictaran la nueva constitución como piedra base de un
nuevo régimen antichileno. Gramsci tenía razón, y ahí están los
culpables del descalabro y derrumbe del país, de nuevo atesorando cargos
electorales. No han aprendido nada, pero ¿cómo van a aprender si nunca
estudiaron? Si siguen creyendo con su dinero pueden controlar lo
suficiente para mantener lo esencial. Eso se acabó, todo ha sido muy
bien planeado y ejecutado por la izquierda, con la complicidad de Sebastián
Piñera, la actuación patética de la derecha tradicional a niveles
irrisorios. Chile es ya un país socialista marxista. Gramsci tenía
razón, la hegemonía cultural determina las decisiones y la
superestructura política. Pobre Chile.