Los
chilenos, en general, seguimos con atención, no siempre con respeto, la
primera cuenta pública del actual ocupante de La Moneda, el histórico
edificio que ha albergado a quienes han llegado a ser Presidentes de la
República.
También
hemos seguido el quehacer de la Convención Constituyente con sus
errores jurídicos, gramaticales y hasta ortográficos, pagados
generosamente con recursos que aportamos todos hasta cuando compramos un
kilito de pan.
Además,
hemos visto los errores casi no forzados de un gabinete que no se
caracteriza, precisamente, por su experiencia o su eficiencia, lo cual
ha redundado en la presentación de más de una excusa o varias
explicaciones.
El
parlamento también parece haber sido contaminado por este aire que se
ha abatido sobre Chile y sus regiones, REGIONES Y NO TERRITORIOS COMO SE
TRATA DE IMPONER DESDE UNA ESPECIE DE NEO DIALECTO OFICIALISTA, y se ha
visto, en forma transversal, cómo han seguido las discusiones casi
estériles, pese a la agilidad de unas tramitaciones legislativas en
favor de sectores postergados.
Y
en la Macrozona sur…. Y en la periferia (y en el centro) de las grandes
ciudades…. En la frontera norte, preferencialmente, sigue el penoso y
peligroso (porque también ingresan delincuentes y asesinos) flujo de
personas que huyen de los “paraísos” chavistas-comunistas…
Tal vez pudiera calificarse estas líneas como negativas, pesimistas, que mañana será mejor que ayer, con las razonables
dudas de cada chileno, de cada magallánico, pero se ha planteado tanto y
tantas metas, que el cielo patrio parece cubierto de promesas y buenas
intenciones, pero las señales entregadas no son demasiado alegres: la
inflación y el costo de la vida siguen aumentando; se mantiene el
impuesto que encarece el precio de los combustibles y se destinen miles
de millones para que ese costo no suba tanto o más; que habrá una nueva
alza de impuestos; que la delincuencia aún no está “manos arriba”, al
contrario.
Entonces,
en medio de tanto ruido, de tanta parafernalia, de tanta retórica, casi
hueca, teñida de poesía elemental, los chilenos nos preguntamos ¿Y las
nueces….?
Y
reitero que el dicho popular siempre ha señalado que hay mucho ruido y
pocas nueces para los sufridos habitantes de esta larga y angosta faja
de tierra que se llama Chile, desde la línea de la Concordia hasta el
Polo Sur y que amamos tanto.