¿Y si fuera cierto?

Greta Thunberg necesita ayuda. Esta adolecente escandinava tiene rasgos asperger, histéricos y depresivos. Durante semanas deja de asistir a su colegio por padecer de depresión y no poder hablar con nadie. Una loca dirán muchos, una enviada de los dioses dirán otros. Lo que si sabemos es que la agenda mundial ha sido tomada por el calentamiento global y cambio climático. Los líderes mundiales reunidos en Nueva York han incluido este asunto entre sus prioridades. Los medios, en su búsqueda de generar mayor alarma y consumo de noticias, hablan de emergencia climática, mientras en Magallanes miramos nuestro entorno y nos preguntamos por qué nevó tan poco nuevamente este año. Podríamos debatir, tal como se hace latamente en todo el mundo, si la actividad humana es causante o no de un acelerado calentamiento global debido esencialmente a sus emisiones de dióxido de carbono. Lo que es indudable es que la temperatura del planeta aumenta 0,2ºC por década desde 1980, siendo aún mayor en los polos. Entonces, ¿será cierta la advertencia de Greta de que estamos al abismo de una extinción global? Mientras algunos se mofan o temen del cambio climático, los magallánicos observan el debate, miran a sus hijos a los ojos preguntándose sobre cuán lejana o cercana está la catástrofe climática. Y si fuera todo cierto, ¿qué haríamos en Magallanes para salvar a nuestras familias, nuestra naturaleza y el clima mundial? Yo miro a mis hijas a los ojos inquieto por el futuro del mundo. La aprensión por el futuro de nuestros hijos, por la naturaleza y el cambio climático es una tema serio y de preocupación de todos. Lo paradójico de problemas con repercusión a largo plazo es que la generación actual decide sobre las condiciones de vida de las generaciones futuras. Por ello, ¿le estamos quitando el sueño de un mundo feliz a nuestros hijos, como sentencia Greta Thunberg ante la Asamblea de la Naciones Unidas? Mi generación nacida antes de 1980, la cual asumirá el liderazgo político por el cuidado del medio ambiente, desaparecerá esta primera mitad de siglo, mientras los activistas “millennialls” vivirán para gozar o padecer de las decisiones que tomemos hoy. El deseo político no es suficiente para afrontar el desafío, ya que se requiere comprender en profundidad este complejo reto donde es necesario concebir que el desarrollo económico sin el cuidado del medio ambiente ya no es viable, a la vez que sin desarrollo económico no será viable cubrir las necesidades de la población, acabar con el hambre, educar a nuestros niños, reducir las emisiones y adaptarnos a los desafíos que nos propone el cambio climático. Ciertamente, Magallanes tiene una oportunidad única para alzar su propia voz  respecto del cambio climático y su futuro como región. Por el bienestar de nuestros hijos y nietos debemos aprender a crecer económicamente cuidando el medio ambiente, para que nuestros hijos puedan soñar con el futuro. Los gobiernos están conviniendo parar el calentamiento global mediante cero emisiones. Pero, ¿cuáles son planes concretos y efectivos que velarán por el bienestar de futuras generaciones en Magallanes? Greta Thunberg necesita ayuda, nuestros niños necesitan que les heredemos un mundo mejor, como lo hicieran nuestros padres con nosotros. Más allá del escepticismo de algunos por el cambio climático, no puedo dejar de preguntarme: ¿Y si fuera cierta la advertencia de esta niña escandinava?

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